martes, 24 de marzo de 2009

EL SALVADOR, EN LA ENCRUCIJADA

Mauricio Funes, presidente electo de El Salvador, afronta un dilema potencialmente devastador: o dedica su mandato a mejorar sustancialmente la democracia liberal y el régimen de economía de mercado que le han abierto las puertas del poder en unas elecciones limpias, o se empeña en demoler una y otro para incorporar su país a la crispada familia del "socialismo del siglo XXI", como le susurran al oído los elementos más radicales del FMLN, y como desde Caracas le sugiere a gritos el señor Hugo Chávez, pintoresco apóstol de esa delirante utopía.

Si el señor Funes se decanta por la primera opción, que es la de la sensatez, probablemente acabará rompiendo con el FMLN, que le proporcionó la franquicia política comunista que le permitió ganar las elecciones. Si elige la senda chavista, sin duda se ganará el aplauso de la izquierda lunática y numerosas portadas de revistas, pero empobrecerá aún más a sus compatriotas, los colocará al borde del conflicto armado y echará por tierra todo lo que El Salvador ha hecho razonablemente bien a lo largo de los últimos veinte años, las dos mejores décadas, por cierto, de su atormentada historia como nación independiente.

Pero el dilema de Funes no es menor que el de sus adversarios. Los dirigentes areneros, molestos tras haber perdido las elecciones por apenas un dos por ciento de los votos después de veinte años consecutivos de gobierno, sabedores de que la mitad más poderosa y mejor educada del país los respalda, incluidas las fuerzas armadas, pueden sentir la tentación de hacer una oposición dura y sin cuartel hasta hacer ingobernable el país y así tratar de evitar que se entronice en El Salvador otro régimen autocrático y antioccidental de signo colectivista como los que preconiza la casa matriz bolivariana.

No obstante, los militantes de Arena y el vasto sector empresarial que apoya a ese partido político también pueden hacer lo contrario: acercarse al presidente Funes y proponerle un acuerdo serio para mejorar la imperfecta calidad de la democracia salvadoreña, erradicando la corrupción, introduciendo elementos de transparencia en la administración pública e invirtiendo una buena cantidad de recursos en crear empresas de alto valor agregado que generen empleos bien remunerados, a cambio de que se mantengan en pie las instituciones republicanas y se garanticen los derechos humanos y el respeto a la constitución vigente.

Si el sentido común prevaleciera en el terreno político, lo prudente, en esta etapa, sería tender lealmente la mano a Funes hasta conseguir averiguar si se trata de un reformador bienintencionado consagrado a corregir muchos de los males que afligen al país o, por el contrario, si estamos ante otro ignorante revoltoso, superviviente ideológico de la Guerra Fría, enquistado en la mentalidad de los años ochenta del siglo pasado, incapaz de aprender de la experiencia ajena y dispuesto a repetir otra vez el cruel disparate de la construcción del socialismo, como si los cien millones de muertos que costaron los experimentos marxistas del siglo XX no sirvieran de nada.

De triunfar la prudencia, ¿se sentiría traicionada esa mayoría de salvadoreños que, aunque fuera por un estrecho margen, votó por Funes y el FMLN? No lo creo. La inmensa mayoría de esos electores apostó por un cambio que le trajera mejores condiciones de vida materiales, y no por ciertas confusas abstracciones teóricas o por un determinado modelo de Estado.

Lo que desean, como todos los pueblos, es más oportunidades de trabajo y una sociedad más justa, y no enterrar tres generaciones en el esfuerzo inútil de hacer la revolución, tarea que ya sabemos que conduce al matadero, al calabozo o a la indigencia.

¿Qué va a suceder? Pronto lo sabremos. Posiblemente, en los primeros cien días del gobierno de Funes. Cualquiera de los dos caminos que tome tendrá que comenzar rápidamente a transitarlo.

Carlos Alberto Montaner

lunes, 23 de marzo de 2009

UNA VUELTA DE LA RUEDA DE LA HISTORIA

El 16 de enero de 1992, cuando fueron firmados los Acuerdos de Paz entre la Comandancia General del FMLN y el gobierno del presidente Alfredo Cristiani, comenzó una nueva etapa en la vida nacional de El Salvador. Terminaba un conflicto de 20 años, que dejaba un saldo de destrucción y muerte. Y comenzaba el proceso de paz y construcción de la democracia; con una sociedad dividida, pero con grandes esperanzas. Era un acuerdo que los mismos protagonistas calificaron: sin vencedores ni vencidos.

Atrás quedaba el conflicto con su secuela de muerte y destrucción. La rueda de la historia siguió su curso hacia delante. El FMLN se convirtió en partido político y participó por primera vez en las elecciones de 1994.

Esas elecciones presidenciales y otras 2 más las ganó ARENA, y el FMLN aceptó los resultados. Así, llegamos a las elecciones del 2009 y esta vez el panorama político era diferente. El Frente había decidido su formula presidencial sin sobresaltos, escogiendo como candidato a presidente a Mauricio Funes, quien era un periodista muy conocido y no era militante del partido; pero para garantizar los votos militantes en la fórmula lo acompañó Salvador Sánchez Ceren, ex miembro de la ex Comandancia General del FMLN.

Del otro lado, la derecha vivía la situación más complicada en su historia como gobierno: pues además del desgaste normal de cuatro periodos de gobierno, enfrentaba una crisis mundial que golpeaba duramente la economía nacional, particularmente la de los más necesitados. Y para agravar la situación, la derecha realizó un accidentado proceso interno de elección del candidato a presidente, generando descontentos y fraccionamientos que hicieron públicas sus disensiones.

Así, Rodrigo Ávila tuvo que luchar contra una ventaja de Mauricio Funes de alrededor de 20 puntos, contra el descontento y la división en el seno de su partido y con la carga de lo bueno y lo malo de los gobiernos anteriores.

El último gobierno del presidente Saca había dicho que lo social era el esfuerzo central de su gobierno, sabía que si no invertían en función social, difícilmente podrían mantenerse en el poder. Después de un intenso trabajo, el candidato de la derecha logró acortar esa distancia a un dígito. Dos semanas antes de las elecciones el resultado era incierto, con posibilidades reales para ambos candidatos. En los últimos meses la campaña fue dura, ácida y polarizante. Nunca había estado la izquierda tan cerca de acceder al ejecutivo; pero la gran duda era: ¿va a entregar el poder político la derecha, después de detentarlo por 20 años? ¿Respetarán la alternabilidad democrática?

El 15 de marzo del 2009 ganó Mauricio Funes con el FMLN, con un margen de menos de 3 puntos que sumaban cerca de 70,000 votos. El pueblo salvadoreño fue a votar con toda tranquilidad, dando una alta muestra de madurez cívica y democraticaza. ¡Bien por el pueblo salvadoreño!

Esta vez, el Tribunal Supremo Electoral, dio el primer adelanto de los resultados a las 7.30 p.m. como lo había prometido; y los observadores internacionales y la opinión nacional vio que habían cumplido con mucha más eficiencia que en elecciones anteriores ¡Bien por el TSE!

Esa misma noche, el presidente electo al proclamarse ganador lanzó un mensaje inteligente, conciliador y esperanzador: hizo un llamado a la unidad nacional diciendo que nos olvidemos de revanchismos y confrontación.

¡Bien por Mauricio Funes y la izquierda! Ya no vimos al candidato acosado por la propaganda electoral y a la defensiva, asomó el estadista que las condiciones demandan. Tampoco dudó Rodrigo Ávila, quien flanqueado por el presidente Saca y los expresidentes y dirigentes de la derecha, salió esa misma noche con hombría y entereza, aceptando los resultados, con un mensaje conciliador.

Ambos contendientes actuaron con la altura y calidad esperada. Los días siguientes seguimos viendo señales positivas. El presidente Saca sintetizó la nueva situación en la frase que le dijo al presidente electo: "Hasta el 31 de mayo yo soy tu presidente, a partir del 1 de junio, vos serás mi presidente." ¡Bien por Rodrigo, el presidente Saca y la derecha!

Como es lógico, entre los perdedores existieron diversas reacciones: los que siempre lo dijeron, los que le echaron la culpa a otros, los que asumieron su responsabilidad y los que pidieron cabezas.

Por los resultados electorales y las reacciones negativas posteriores, pareciera que la derecha no terminó de unirse en torno al candidato presidencial. Sus dirigentes sabrán como reestructurarse; pero eso sí, si se quedan buscando culpables, perderán un tiempo valioso que necesitarán para planificar y enfrentar el reto de ser una oposición fuerte y responsable dentro de 3 y 5 años.

Deben hacer su balance de los resultados, reconocer sus errores y superarlos, pero con más fuerza, deben ver hacia delante y mantenerse unidos, si quieren seguir siendo fuertes.

El 1 de Junio, Mauricio Funes será el Presidente de la Republica de El Salvador. Y con él, el FMLN, los Amigos de Mauricio y colaboradores cercanos, tendrán que gobernar para todos los salvadoreños.

La cúpula empresarial ha dicho que está a la expectativa de la concreción del discurso conciliador del presidente electo, de que elija un gabinete de gobierno con base en la capacidad e idoneidad.

El presidente electo Mauricio Funes tiene clara conciencia de que gobernará en un contexto complicado, en medio de una crisis económica mundial; y que simultáneamente deberá llenar las grandes expectativas de los salvadoreños.

Pero, de nuevo, seguimos viendo señales positivas: en la campaña electoral, Mauricio Funes manifestó que quería mantenerse cerca de los presidentes Lula de Brasil y Obama de Estados Unidos. Siguiendo esa lógica, su primer viaje como presidente electo fue hacia Brasil.

La rueda de la historia salvadoreña ha dado su primera vuelta, hacia una nueva época post acuerdos de paz. Esperemos que dentro de 5 años continúe avanzando en el mismo sentido de desarrollo democrático.

Por Juan Ramón Medrano - Ex comandante del ERP/FMLN - Analista Politico

CRITICAN A FUNES POR ALEJARSE DE IZQUIERDA

“Funes representa una victoria de la democracia liberal o neoliberal contra las fuerzas más ultras, más derechistas.” Peter Sampras, sociólogo

Publicaciones de izquierda critican al presidente electo por su cercanía con los Estados Unidos. El periódico El País, de España, se pregunta si mantendrá alineación con Lula.

Peter Sampras, un sociólogo estadounidense que es una especie de gurú para la izquierda latinoamericana, dice sin ningún rubor que Mauricio Funes fue un candidato “con muchos compromisos con el gran capital”. Fue una entrevista, realizada por la uruguaya Radio Centenario, pero que retomó la página electrónica de la Tendencia Revolucionaria, dirigida por Dagoberto Gutiérrez.


El mismo Gutiérrez, un ex comandante del FMLN, le aconseja a Funes, en el mismo sitio electrónico, que cambie el aparato de Estado y que escoja ministros trabajadores, sencillos y capaces. “No debe ser gente enamorada de los lujos, de la ostentación ni del boato”, sugiere. Un sitio del FMLN, El Trompudo, le aconseja a Funes no hacer caso de oportunistas, así le feliciten.

No obstante, la cercanía del presidente electo con el gobierno de Barack Obama es lo que irrita a Raúl Crespo, el autor de “Socialismo o remesas. El dilema de Mauricio Funes”, publicado en Aporrea.org, un sitio web obligado para los intelectuales de izquierda.

“Primero posesiónese con dignidad y actúe en consecuencia revolucionaria, señor Funes. Preferible muerto que arrodillado”, dice Crespo antes de continuar con “ser de izquierda tiene un precio presidente Funes, libertad con dignidad, socialismo o muerte, con los norteamericanos no hay de otra, si no pregúntele a su compañero Salvador Sánchez Ceren, él fue guerrillero del FMLN, no puede aceptar imposiciones de Estados Unidos antes de empezar su gobierno, ni durante ni después. Eso es dignidad.

En el periódico español El País hay varios artículos sobre las perspectivas de gobierno de Funes. Moisés Naím se pregunta si el nuevo presidente de El Salvador se alineará al “eje de Lula” o “al eje de Hugo”.

“Su partido se encuentra a su izquierda y lo presionará para que se incline hacia el eje de Hugo. A pesar de la caída en los ingresos petroleros, Chávez sigue teniendo dinero para influir en la política interna de El Salvador, y no hay dudas de que así lo hará”, considera el articulista.

DESPUÉS DE LA ELECCIÓN

El discurso de Mauricio Funes al saberse elegido: estupendo. Habría sido muy comprensible y disculpable que hubiera aludido en él a algún golpe bajo de la campaña opuesta. Pero no lo hizo. Todas sus palabras fueron nobles, abiertas, con lineamientos tranquilizadores, ilusionantes, magnánimos, muy aplaudibles. Perfecto. Nota: 10. Quiero creer que estuvo dicho con sinceridad, que esas serán las líneas principales de su gobierno. Aunque recuerdo discursos parecidos del pasado, en otros países, y después… como dice el refrán: "Del dicho al hecho va mucho trecho".

El electorado, el pueblo, durante toda la jornada: también de aplauso. Magnífica gente, magnifica jornada. Fue un espectáculo espléndido ver, en los centros de votación, la afluencia de tanta gente acudiendo a las urnas, con orden, con paz.

El Tribunal Supremo Electoral, también con nota diez, cumpliendo lo prometido. Los que triunfaron, celebrando con lógica alegría y jolgorio, pero sin derivaciones violentas, ni daños notables a la propiedad privada.

Ante los observadores y periodistas internacionales, el país mostró un espectáculo de democracia y civismo espléndidos. Todo salvadoreño debe estar orgulloso de su país.

EL Salvador estuvo ese día ante los ojos, el juicio y los comentarios de la opinión publica internacional y ésta tuvo que reconocer el excelente ejemplo que dio el país de convivencia cívica y funcionamiento democrático.

¿Algunos puntos negros? Sí claro, por ejemplo, el campo pagado de la embajada de Venezuela que me parece lamentable y nada concorde con el verdadero espíritu de Simón Bolívar. Es inútil que Chávez se disfrace de Bolívar, porque "aunque la mona se vista de seda, mona se queda".

Otros puntos negativos no los señalaré en concreto. Sobre ello, sólo escribiré algunos refranes. El primero de ellos, modificado de su versión genuina que es muy dura. En versión "light" dice: "Creen los mentirosos, que todos son tramposos".

Va otro, casi contrapuesto, que dice: "En la mesa y en el juego, se conoce al caballero". Y para los principales causantes de la derrota de ARENA, éste: "La avaricia rompe el saco (o mas bien la bolsa)". Bueno y ya en plan de imitar a Sancho Panza, que abundaba en refranes, añadiré que "el que le pique, que se rasque" o "al que le venga el saco, que se lo ponga".

Bien, y después de la elección… ¿ahora, qué? Es casi unánime la opinión de que dado el práctico empate en votos de las dos corrientes antagónicas, la situación pide políticas de nación, concertación en las decisiones y unidad nacional. Me parece espléndido también. Tenemos el aceite y el vinagre. Para la concertación, falta la ensalada. ¿Quién pone la lechuga, el tomate, y otros ingredientes?

Pienso que la mayoría, esa inmensa mayoría que no es ni aceite ni vinagre, ni de ARENA ni del FMLN. Es toda esa gente que lo que quiere es seguridad en las calles, convivencia pacífica, trabajo bien remunerado, más empleos, muchos más empleos, justicia que merezca ese nombre, justicia social con preferencia a los más desposeídos --como muy bien prometió el próximo presidente-- y combatir no sólo la pobreza física sino también la pobreza mental, que es la que lleva a la animalidad y a la violencia.

A mi me preocupa más la pobreza o la miseria mental y moral. Porque hay mucha gente, pobre en dinero, pero moralmente ricos.

Los columnistas comprobamos a diario, en la gente que nos escribe por la Internet, cuanta ignorancia existe de la realidad circundante, de lo que realmente pasa en el mundo. De ello tiene gran culpa muchas agencias de noticias internacionales que falsean los hechos, callan unos y magnifican otros. Pero también tienen la culpa maestros y profesores que en vez de dar buen alimento intelectual, siembran confusión o veneno en las mentes hambrientas de verdad y bondad.

Es triste ver tanta mala ortografía en gente universitaria y qué pésima ilación de ideas cuando tratan de expresar su pensamiento.

De los que están eufóricos por el triunfo electoral del FMLN, por sus correos se ve que muchos de ellos viven de ilusiones centradas en personajes y políticas que han transformado en verdaderos mitos, muy alejados de la historia real. Hay otros que insultan sin dar argumentos porque no tienen ninguno. Sólo expresan odio irracional, sentimientos destructivos.

Hace falta mucha educación, muchísima educación, en todos los estratos de la sociedad. Pero me temo que comenzamos una etapa donde la educación, la verdadera educación, va a ser sustituida en amplias zonas de la población por la instrucción ideológica en mitos revolucionarios estériles o negativos.

Luis Fernández Cuervo, columnista de El Diario de Hoy

BUEN COMIENZO, ARDUO CAMINO

Contrario a lo que muchos temían, la parranda electoral no dejó mayor goma histórica. Mauricio Funes y el FMLN celebraron con mesura y humildad, mientras que ARENA y Rodrigo Ávila aceptaron la derrota con positiva resignación.

Se amaneció sin mayores traumas, y al día siguiente se retomó la normalidad. Los discursos del candidato perdedor y sobre todo del ganador estuvieron a la altura de las circunstancias y mirando hacia delante de las tristezas y euforias del momento.

Lo que más relevancia ha tenido es el discurso de proclamación de Mauricio Funes como presidente electo. Su llamado a la unidad nacional, la evocación a las políticas de Estado, su clara declaración a favor de los principios democráticos, su afirmación sobre las relaciones prioritarias con Estados Unidos, aunque posiblemente costaron arrancar los aplausos de algunos militantes, aminoraron los temores y desconfianzas de muchos que no votaron por él y merecieron el aplauso generalizado de la sociedad. Así, la mano de diálogo tendida al derrotado tuvo eco en este.

Ciertamente, fue un buen, muy buen comienzo. Un comienzo que puede significar un paso importante en el camino de la consolidación de nuestra frágil democracia. Pero también se trata, como todo recorrido, de un paso en un camino que tiene retornos y desvíos.


La democracia debe conquistarse paso a paso y todos los días de nuestro devenir histórico; y los caminos de la conquista, siempre arduos, no suelen estar garantizados. Para que en un futuro podamos encontrar en los anaqueles de nuestra historia republicana este primer desembarco de la izquierda al gobierno, como un hito en la consolidación de nuestro proceso democrático, deben pasar muchas cosas. Dos de las cuales me parecen fundamentales, como condiciones necesarias aunque insuficientes.

En primer lugar, será esencial que la relación gobierno Funes y partido FMLN no solo favorezca enfrentar los problemas del desarrollo y la crisis económica, sino que también se vaya decantando a favor de la consolidación de los esquemas democráticos.


Para ello, será fundamental remozar aquellas concepciones al interior del partido donde la democracia aparece como una apuesta táctica y no estratégica, y aquellos pensamientos donde la democracia es un espacio obligado a ocupar por las circunstancias del momento histórico, dentro del cual, luego de la acumulación de fuerzas, posibilitará el estrecharlo en función de un proyecto político autoritario.

Por ello, será altamente significativo saber quiénes serán los que presidirán el “gabinete político” del próximo gobierno, de tal forma que a la cabeza y cuerpo del Ministerio de Gobernación, Seguridad, Defensa e Inteligencia del Estado, se encuentren personas con meridiano e incuestionable talante democrático.

Poco avanzaremos y poco cambiará si sectores de peso en la izquierda caen en la tentación de reproducir los mismos pecados anti democráticos que se han venido cometiendo desde la derecha: control partidario de las instituciones, manejo de la justicia para enfrentar detractores, uso del gobierno con fines partidarios, manipulación del Estado de Derecho, contubernios parlamentarios, corrupción y falta de transparencia, etc.


Ciertamente, la consolidación de nuestro proceso democrático necesita de una izquierda abierta, moderna e inequívocamente democrática.

En segundo lugar, el próximo gobierno de Funes también debe encontrar una derecha abierta y progresista, un opositor firme pero constructivo y decente. De igual forma, el posible avance hacia una izquierda democrática se favorecería al encontrar un interlocutor fuerte y válido de derecha democrática.


El país lo necesita. Y esta nueva derecha demanda cambios profundos y amplios en su actual dirigencia, culpable de la derrota. El camino hacia la consolidación democrática también se despejará en la medida que ARENA ponga a remozar sus concepciones, prácticas y anquilosadas dirigencias, y despeje con contundencia de su horizonte aquello que empaña la honestidad, la visión estratégica y la sabiduría.

En fin, si esos cambios se cristalizan, no cabe duda que el buen comienzo tendrá un buen recorrido final. Si la gestión del gobierno de Funes y el FMLN se desarrolla dentro de los marcos democráticos, y no hay asomo del autoritarismo que acompaña al mal llamado Socialismo del Siglo XXI, no cabe la menor duda que la alternancia y la democracia se consagrarán en nuestro país.


Y Mauricio Funes, y el FMLN, podrán pasar así a nuestra historia como los que posibilitaron la tan ansiada estabilidad y gobernabilidad democrática de nuestro país.

De hacerse así las cosas, así como a Cristiani se le recuerda como el presidente que hizo posible los Acuerdos de Paz, a Mauricio Funes se le podrá recordar como el presidente que hizo posible los Acuerdos de la Democracia y el Desarrollo de nuestra Nación.

Roberto Rubio-Fabián / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

¡QUÉ SEMANA!

Da la impresión de que han pasado varias semanas desde que Mauricio Funes ganó las elecciones presidenciales, pero solo ha pasado una semana. Los últimos siete días han sido muy intensos para todos los salvadoreños.

Todo mundo, independientemente que haya votado por el FMLN o por ARENA, está teniendo que ajustar expectativas y definir cuál será su rol en la nueva realidad política de El Salvador.

El voto más duro y radical del FMLN está teniendo que entender que Mauricio Funes no es un comunista como ellos, y que a pesar de ser una persona de izquierda, difiere en muchas cosas con ellos. Las personas que votaron por ARENA han tenido que asimilar que Mauricio Funes ganó y que el FMLN tendrá el Ejecutivo por primera vez en la historia del país.

Además, están teniendo que superar la campaña del miedo, que sí les caló my hondo a ellos y necesitan mensajes de confianza de parte de Mauricio Funes y su equipo para ir al encuentro del gobierno de unidad nacional. Mensajes como la desautorización de Gerson Martínez dan mucha confianza a este sector.

ARENA ha entrado en un proceso de recomposición que es crítico para su existencia futura y para tener los interlocutores adecuados a la nueva realidad política del país, para poder seguir siendo el digno representante de todos los sectores más conservadores del país, que sumaron en esta elección casi la mitad de todos los votantes.

Es muy bueno que los ex presidentes de la República hayan tomado en sus manos la transición; y es importante que se depure a todos aquellos que han tenido secuestrada a ARENA y le han hecho un daño enorme a dicho instituto político. Ojalá que aquí surja un nuevo liderazgo, que tenga una nueva visión del país y que sea capaz de ayudar a formar un gobierno de unidad nacional.

El PCN debería tender a desaparecer. Probablemente perderá cinco o seis diputados, así como Orlando Arévalo, y ya no será el fiel de la balanza en la Asamblea Legislativa, siempre y cuando ARENA y el FMLN puedan ponerse de acuerdo y hagan un pacto de nación y fiscal que le dé estabilidad y gobernabilidad al país.

Creo firmemente que este es un pueblo muy sabio, tal y como lo dije después de la elección del 18 de enero, y que lo ocurrido es lo mejor para el país.

La primera semana nos ha indicado que los políticos, empresarios, profesionales, trabajadores y la sociedad civil estamos listos para despolarizar a este país y crear una nación unida con una visión de futuro compartido para beneficio de todos los salvadoreños.

El camino no será fácil, pero del concurso de todos nosotros depende que tengamos éxito. ¡Adelante!

Luis Membreño

viernes, 20 de marzo de 2009

¿POR QUÉ EL PSUV CUESTIONA LOS RESULTADOS EN EL SALVADOR?

Pese al triunfo de Mauricio Funes, los dirigentes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) están molestos con los resultados de las elecciones presidenciales en El Salvador. Algunos aseguraron a Venezolana de Televisión, la propia noche de los comicios y al día siguiente, que hubo un fraude masivo.

“Nosotros calculamos que este fraude que le hicieron al Frente Farabundo Martí (FMLN), en la trampa electoral, se llevaron 15 puntos por diversos mecanismos. Hubo que ganar por 20 puntos reales para que reconocieran 2 puntos”, dijo el ex alcalde Freddy Bernal a la moderadora de Dando y Dando, el 16 de marzo en la noche.


Por su parte, el ex ministro Aristóbulo Istúriz aseguró que el FMLN ganó con 20 puntos de diferencia: “Los exit polls, yo te decía que eran sesenta a cuarenta, mas o menos… Se decía que había más de 40 mil personas que entraron por las fronteras de los países vecinos, con doble cédula”.

Surge la interrogante, si ganó el favorito de Chávez ¿Por qué los chavistas no están celebrando? ¿Por qué están tan insatisfechos?

Su molestia se debe a que hace apenas siete meses, el FMLN llevaba casi 20 puntos de ventaja por encima del partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA). Pero cuando ARENA orientó su campaña a señalar los vínculos entre Chávez y el FMLN, la ventaja fue reduciéndose progresivamente, hasta producir el resultado final: una victoria pírrica de apenas 3 por ciento.

La conclusión es evidente: pese al triunfo de Funes, la alianza con Chávez le ocasionó un tremendo daño, como pasó antes con Ollanta Humala (Perú) y López Obrador (México). El FMLN pudo ganar única y exclusivamente por el desgaste de 20 años de gobierno de ARENA, y no porque la gente quiera a Chávez o al Socialismo del Siglo XXI.

Los chavistas se vieron obligados a inventar la tesis del fraude –¡Aún habiendo ganado! – para encubrir el tremendo rechazo que Chávez despierta en los pueblos latinoamericanos.

Aunque hará todo lo posible por lograrlo, a Funes le será difícil reproducir el mismo esquema chavista, justamente porque –debido a los señalamientos que se le hicieron durante la campaña electoral– todos sospechan de sus verdaderas intenciones.


El caso salvadoreño demuestra que los pueblos latinoamericanos quieren un cambio, debido a las condiciones de pobreza y de miseria en que viven. Pero también demuestra el rechazo que sienten hacia los modelos totalitarios como el de Chávez.

Alejandro Peña Esclusa