domingo, 12 de abril de 2009

EL CALENDARIO POLÍTICO SE ACELERA

En los días, semanas y meses por venir se verá cuán auténticas, confiables y practicables son las señales que venimos viendo desde el 15 de marzo.

Se inicia esta segunda fase del año, luego del paréntesis vacacional. En la primera, los momentos estelares fueron las dos elecciones: la del 18 de enero y la del 15 de marzo. Los resultados de dichas elecciones cambiaron el esquema de correlación de fuerzas, aunque sin el dramatismo que muchos auguraban. Esta segunda fase tendrá como fechas fundamentales previsibles el 1 de mayo, cuando tome posesión la nueva Asamblea Legislativa, y el 1 de junio, cuando asuma funciones el nuevo Ejecutivo, presidido por Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén, y el FMLN se convierta en partido en el gobierno.

Estamos, pues, a sólo unos días de que esos acontecimientos empiecen a concretarse; y a partir del 1 de mayo la dinámica nacional entrará en un espacio diferente, a la luz de un dato de realidad que es el pivote de este giro: el cambio de posición entre ARENA y el FMLN, aquél como principal partido de oposición, y éste como partido gobernante por primera vez. Todavía hay buena parte del terreno por desbrozar para estar seguros de que ambos partidos, en sus posiciones a punto de ser estrenadas, se comportarán con la idoneidad, la mesura y la consistencia que las circunstancias demandan. Hasta ahora lo que ha habido son buenos signos sueltos, y hay que pasar a las posiciones articuladas.

Lo cierto es que en este segundo do tramo del año están por pasar cosas que sin duda representan un cambio importante dentro del proceso de democratización que se viene impulsando desde 1992. En realidad, el famoso “cambio” del que tanto se habló, desde distintas trincheras en la campaña, no lo hará ninguna ideología, sino el proceso mismo, y con el pulso y la certeza que dicho proceso ha mostrado en todos estos años.


LO QUE EL CIUDADANO ESPERA


Durante la campaña, y dentro de la turbulenta retórica que la caracterizó, llegó a parecer que el futuro inmediato del país sería una maraña intransitable. Ahora se ve con más precisión que, dadas las condiciones del país y del mundo, sería prácticamente imposible emprender un “trastorno revolucionario”. Sin embargo, quedan algunas tentaciones agazapadas en distintas áreas del mapa político nacional, y de la forma en que dichas tentaciones sean tratadas depende, en buena medida, que tengamos más o menos problemas posteriores. En la izquierda, la principal tentación desestabilizadora es la de levantar un “poder popular” paralelo al poder institucional; en la derecha, la de generar mecanismos obstruccionistas que dificulten aún más la atmósfera en que habrá de moverse la nueva Administración.

Hasta ahora, desde los dos partidos políticos más fuertes han surgido señales sobre la voluntad de no caer en ninguna de esas dos tentaciones o de otras semejantes. Esto es lo que debe plasmarse en hechos, decisiones y medidas. Todo ello para allanarle el camino a lo que la ciudadanía realmente quiere: esfuerzos compartidos para mejorar la vida, asegurar la convivencia pacífica y darle energías renovadas al desarrollo.

En los días, semanas y meses por venir se verá cuán auténticas, confiables y practicables son las señales que venimos viendo desde el 15 de marzo. Apostémosle por hoy a lo positivo, como otra señal de confianza en la sana dinámica del proceso nacional.


Editorial de La Prensa Gráfica

viernes, 10 de abril de 2009

LA OPORTUNIDAD DE VIRAR EL CENTRO

Lo primero, reconocer la importancia que para América Latina tiene el resultado de la última elección presidencial salvadoreña, sobre todo por lo que significa para el continente que una guerrilla izquierdista transformada en partido político llegue al Gobierno por la vía democrática, y por la civilidad con que, hasta la fecha, lo ha aceptado la derecha adversaria. Algo, por decir lo menos, inusual en la historia latinoamericana.

Lo segundo, advertir sobre la oportunidad que se abre en El Salvador para trascender definitivamente a la posguerra con una apuesta por la moderación política y la erradicación paulatina de las extremas y sus vínculos.

Ambas conclusiones se desprenden de las palabras de los tres analistas políticos, reunidos por LA PRENSA GRÁFICA y Univisión-Washington el 1.º de abril pasado en la cadena hispana, para discutir los alcances de la elección salvadoreña y conocer, desde la perspectiva washingtoniana, los principales retos que encontrará el gobierno de Mauricio Funes cuando vuelva el rostro hacia los Estados Unidos de América, el aliado indispensable.

Los analistas: Geoff Thale, director de programas de la Washington Office on Latin America (WOLA), un tanque de pensamiento activo en análisis sobre El Salvador desde los años ochenta; Ray Walser, analista senior de la Heritage Foundation, ONG de corte conservador con mucha influencia en círculos republicanos; y Douglas Farah, asesor en temas de seguridad y corresponsal de The Washington Post durante el conflicto armado salvadoreño.

Thale, Walser y Farah coinciden en dar una oportunidad histórica a la moderación política en El Salvador.

“Cada partido (FMLN y ARENA) tiene su línea dura y ambos han tomado la decisión de ir hacia el centro, creo que eso es un ejemplo para muchas otras zonas en conflicto en el mundo. Creo que el espíritu de las negociaciones del Acuerdo de Paz se ha demostrado”, dijo el ex corresponsal Farah al hacer su primera evaluación sobre el proceso electoral salvadoreño.

El análisis de Walser sobre la necesidad de moderación lleva el tema hacia la complejidad de la relación entre el presidente electo y su partido.

“En El Salvador hay ahora tres fuerzas: la derecha, la fuerza centrista de Funes que es la de la izquierda moderada y la fuerza del pasado de los antiguos guerrilleros”. La relación entre las tres, dice el analista, será determinante: “La dirección del futuro del país va a depender de esta lucha triangular”.

Thale cree, por su parte, que una de las repercusiones fundamentales que la elección de Funes en El Salvador es que avanzará en América Latina la idea de una izquierda con una variación amplia, que opacará el debate sobre si los líderes de izquierda son “amigos de Evo (Morales, presidente de Bolivia) o de Lula (Da Silva, presidente de Brasil).

Farah cree, no obstante, que entre más distanciamiento logre Funes de la izquierda chavista “El Salvador puede dar al continente un ejemplo de izquierda responsable”. Y va más allá, al analizar el conjunto centroamericana: “Puede haber en la región un modelo alternativo de izquierda”. Alternativo a Caracas se entiende.

Washington-Caracas
¿Qué tan lejos puede llegar el gobierno Funes en sus acercamientos con Caracas, Bolivia, Cuba, sin levantar las alarmas en Washington? La pregunta, segunda lanzada en el foro a los analistas, parte del reavivamiento que ha habido en Washington sobre las relaciones estadounidenses-latinoamericanas debido a la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca y, más coyunturalmente, a la próxima Cumbre de las Américas.

Las respuestas de los tres analistas coinciden en algo: Mauricio Funes tendrá margen de maniobra, siempre y cuando mantenga controlada al ala radical del FMLN. Hay matices:

— Thale, de WOLA: “La actitud Estados Unidos no creo que sea obedecer a un miedo de tener un gobierno izquierdista o antiamericano. Mi impresión es que Funes va a seguir buenas relaciones con Estados Unidos sin rechazar buenas relaciones con Venezuela.

— Walser, de Heritage: “Sí, la administración Obama será más abierta, pero lo importante es que Estados Unidos y el congreso estarán observando si la política exterior de Funes tiene que ver con los enlaces que el FMLN tiene con grupos ilegales como las FARC, o con grupos extraños al hemisferio, como Irán”.

—Farah, ex corresponsal: “Si Mauricio Funes mantiene las reglas del juego internacional, que no haga confiscaciones o esas cosas, tendrá bastante espacio para maniobrar”.

El periodista coincide con Walser en que uno de los principales retos de Funes será maniobrar hacia adentro, con quienes en el FMLN han tenido vínculos con las FARC: “Yo sigo sosteniendo que el gran problema de Funes es el partido comunista... que nunca se movilizó y mantiene sus estructuras clandestinas hasta hoy día. La clave es marginalizar a ese grupo.”

Moderación, dijeron los analistas. Nueva izquierda. Viraje al centro. Los tres coinciden en que hay un nuevo escenario para viejos retos de la política criolla.

martes, 7 de abril de 2009

NUEVO LIDERAZGO Y MESA LIMPIA

Si la historia es maestra de la vida, es necesario que correctamente se escriba, y que de ella aprendamos. En el caso de la pérdida de ARENA en las elecciones pasadas, no se trata de buscar culpables; se trata de aclarar los hechos y evitar que quienes fueron artífices de la penosa historia la escriban a su manera. Se trata de evitar que los actores auto-evalúen sus acciones. Se trata de llamar las cosas por su nombre y limpiar la mesa completamente.

Los que se hubiesen auto-adjudicado el triunfo si ARENA hubiera ganado las elecciones son los que estuvieron en control de la campaña, Cesar Funes, Tony Saca, y su gente en el COENA. Ellos, arquitectos de la derrota, controlaron los recursos, la agenda, y la información que manejaba Rodrigo. Vale recalcar, entre los errores, la absoluta falta de apertura y la manifestación del síndrome de "no se me ocurrió a mí, por lo tanto no es buena idea".

El afán por protagonismo, por ser los dueños de la verdad y artífices del triunfo los cegó de tal forma que se negaron a ver lo que para muchos era obvio. Muchas personas ofrecieron constructivas recomendaciones que fueron descartadas de tajo. Si Rodrigo hubiera ganado hubiera sido "a pesar" de ellos.

El proceso de selección de la formula presidencial de ARENA no pudo ser menos democrático; fue un farsa en la que se impuso el deseo del mandatario y se le condicionó a las bases a votar por Rodrigo. El proceso fue un insulto a la madurez política de los salvadoreños; dividiendo y enfureciendo a muchos areneros.

Recientemente, el gobierno de EEUU pidió la renuncia del Presidente de General Motors como condición para su salvataje, ya que el líder que lleva al fracaso a la empresa que dirige, al no gozar de confianza, no debe estar involucrado en su rescate. ARENA, también en proceso de rescate, debe cambiar su liderazgo, ese que atrás de bastidores controló el proceso.

En lugar de la tradicional lealtad a causa, partido y país, la lealtad a personas ha sido el culto que ha debilitado ARENA, adonde se ha premiado el servilismo en lugar de la efectividad y capacidad. La falta de apertura, estrategia de largo plazo, y visión de país han colocado a ARENA en una posición que demanda mucha valentía, capacidad, y creatividad por lo que los que entregaron la derrota hacen bien en separarse del proceso y renunciar a sus cargos en el partido.

La comisión política envestida con la responsabilidad de reformar ARENA, conformada por los ex presidentes, quienes por su buena gestión y por haberle colocado la banda presidencial a un arenero gozan de la autoridad moral para liderar este esfuerzo, enfrenta el enorme reto de reestructurar el partido, ahora de oposición, para que responda a los legítimos intereses de los salvadoreños, reencuentre su rumbo, reanime a los areneros, establezca su estrategia, reconforme sus filas, y se convierta en efectiva y propositiva oposición.

Particularmente requiere un nuevo COENA con liderazgo virtuoso, sin ataduras, no corrompible, capaz, y con demostrada vocación de servicio publico, dejando la mesa limpia, sin cuotas de poder de los viejos liderazgos.

Su Santidad Juan Pablo II dijo que "la participación política es la máxima expresión de la calidad cristiana ", la entrega al servicio de los demás. Es hora, nuevamente, de que la participación política sea un privilegio, no una oportunidad.


Miguel Lacayo
Observador Electoral de El Diario de Hoy

ARENA NO DEBE CULPAR A LAS PRIMARIAS

El argumento de que la derrota de ARENA se debió al proceso de primarias y que por lo tanto, ARENA debe eliminar dicho proceso, no tiene sentido. En primer lugar, porque el proceso de selección del candidato presidencial de ARENA en 2008 no fue una primaria. Una primaria es un proceso electoral (que tiene las características principales de una elección general) y que como mínimo, permite la votación directa y secreta de los afiliados de un partido político. Esto claramente no fue el caso de ARENA.

En 2008, los afiliados de ARENA no votaron. Los que votaron fueron las estructuras partidarias, los sectores departamentales, empresariales, etc. Es decir, en dicho proceso, no hubo padrón electoral, ni organismo electoral y además, el voto no fue secreto, lo cual es la norma básica en cualquier proceso electoral. Dicho proceso fue una especie de convención nacional, sectorizada, en donde las estructuras partidarias eligieron a su candidato presidencial, pero no fue una primaria.

Por ende, los críticos de este proceso deben ser muy cuidadosos en no ver a dicho proceso como un ejemplo de lo que es un verdadero proceso de primarias. Las primarias, en general, son procesos electorales internos que permiten la renovación partidaria y que admiten que los militantes y los dirigentes de un partido que no pertenecen al grupo de poder de turno expresen su voz.

En México, por ejemplo, las primarias del Partido de Acción Nacional (PAN) permitieron que un candidato como Felipe Calderón le ganase al candidato favorito del presidente Fox, Santiago Creel. Esto le concedió al PAN renovarse y ganar la elección presidencial del 2006.

El peligro principal de una primaria es cuando genera un divisionismo irreparable en un partido. Sin embargo, en partidos altamente institucionalizados como es el caso de El Salvador, es difícil que suceda. Además, las bases y los afiliados de un partido tienden a votar abrumadoramente por el candidato ganador.

En un estudio elaborado en 2002 por un grupo de politólogos de la Sociedad de Cientistas Políticas de Estados Unidos titulado: Primarias competitivas, unidad partidaria y voto presidencial se concluyó, después de estudiar a 25 elecciones presidenciales, que una primaria competitiva tiene un efecto marginal en el resultado electoral y que las variables más importantes son aspectos como el estado de la economía, la calidad de los candidatos y el cansancio con el partido en el poder.

Esto claramente refleja la situación de ARENA. El resultado electoral se debió más a la mala situación económica, a la moderación del candidato del FMLN y al cansancio natural con un partido que ha gobernado 20 años, que al proceso de selección interna.

Este es un tema central para el futuro de ARENA. La creación un mecanismo de selección de candidatos transparente y abierto, en el cual cualquier dirigente, sea o no sea del grupo de poder de turno, pueda expresar sus ideas y sus preferencias por su candidato, es básico para la renovación partidaria. La ausencia de dicho mecanismo puede ser muy peligroso.

Rodrigo Chávez
Columnista de El Diario de Hoy.

lunes, 6 de abril de 2009

LA NUEVA GIRA DE CHÁVEZ: ¿QUÉ BUSCA?

"...el gobierno de los Estados Unidos está logrando amarrar alianzas bilaterales diplomáticas, comerciales y de seguridad con los gobiernos latinoamericanos claramente democráticos, sean de centroizquierda o de centroderecha, así como construir un nuevo entendimiento interamericano cuyas bases aspira sentar en la próxima Cumbre de Las Américas de mediados de abril en Trinidad y Tobago. De lograrlo, el liderazgo de Hugo Chávez quedará confinado a los miembros del ALBA, un proyecto que se debilita en la medida que merman los petrodólares venezolanos".

El mundo tiene los ojos puestos en la crisis económica mundial y en todos los esfuerzos individuales y colectivos para enfrentarla. No quiere divisiones ni confrontaciones; quiere unidad de acción entre todos los países democráticos. La atención se dirige en particular hacia Londres, a la reunión del G-20, donde se aspira que sus líderes no sólo asuman medidas concretas para poner en marcha la recuperación de la economía global, sino para que también inicien un nuevo consenso mundial, una nueva clase de cooperación económica y política internacional.

Pasando por alto ésta y otras graves realidades sobre todo en el área doméstica (o tal vez intentando huir de ellas), el presidente Hugo Chávez ha emprendido otro de sus acostumbrados combates diplomáticos en contra de la comunidad democrática internacional. Esta vez en el marco de su gira por algunos países asiáticos.

Desde su primera parada en Qatar, para participar en la segunda cumbre de América del Sur – Países Árabes (ASPA), salta a la vista el principal interés de su periplo: lograr la atención y el protagonismo que cada vez le cuesta más obtener en América y en Europa, donde las nuevas estrellas ahora son Barack Obama y Lula da Silva, así como intentar sabotear todo esfuerzo multilateral que no esté bajo su égida.

Ello explica la conducta desafiante y hasta extravagante de Hugo Chávez en la ciudad de Doha, donde no se conformó con fustigar al nuevo gobierno de los Estados Unidos y a apelar a la comunidad árabe para lograr un nuevo mundo sin capitalismo ni imperialismo.

En ese foro también atizó a la presidenta chilena Michelle Bachelet por haber invitado al vicepresidente estadounidense, Joseph Biden, y al primer ministro británico, Gordon Brown, a la Cumbre de Líderes Progresistas recién celebrada en Chile; una reunión en la que se buscó dar respuesta a la crisis mundial con una visión de centroizquierda, y a la que no fue invitada Venezuela ni aquellos países latinoamericanos considerados del bloque de la izquierda radical. Chávezacusó a Bachelet de "amenazar" la unidad suramericana, lo cual provocó un inmediato rechazo por parte de su gobierno.

Seguramente esta desproporcionada e inadecuada reacción también se debe al malestar del mandatario venezolano por la hasta ahora fructífera avanzada diplomática que ha estado desarrollando la administración Obama en América Latina que incluye, entre otras, las siguientes acciones: el encuentro entre los presidentes Obama y Lula Da Silva para dejar claro no sólo la alianza estratégica entre ambos, sino la preferencia del primero por el segundo en cuanto a liderazgo regional se refiere; la llamada personal de Obama al recién electo presidente de El Salvador, Mauricio Funes, quien de inmediato aclaró que seguirá el modelo de izquierda de Lula, no el de Chávez; el viaje de la Secretaria de Estado Hillary Clinton a México, en donde reconoció la responsabilidad de EE.UU en el problema de las drogas y estableció programas conjuntos para su lucha; y los viajes del vicepresidente Joseph Biden a Chile y Costa Rica, y los del subsecretario para el hemisferio occidental, Thomas Shannon, a Centroamérica.

Con este acercamiento, el gobierno de los Estados Unidos está logrando amarrar alianzas bilaterales diplomáticas, comerciales y de seguridad con los gobiernos latinoamericanos claramente democráticos, sean de centroizquierda o de centroderecha, así como construir un nuevo entendimiento interamericano cuyas bases aspira sentar en la próxima Cumbre de Las Américas de mediados de abril en Trinidad y Tobago. De lograrlo, el liderazgo de Hugo Chávezquedará confinado a los miembros del ALBA, un proyecto que se debilita en la medida que merman los petrodólares venezolanos.

Y para llamar aún más la atención mundial, en la Cumbre de Doha Chávez se unió al respaldó que los líderes árabes le dieron al presidente sudanés, Omar al Bashir, a quien la Corte Penal Internacional emitió recientemente una orden de arresto en su contra por crímenes de guerra y lesa humanidad en Darfur. Atribuyendo esta decisión al “cinismo” de los países desarrollados, instó al ente a perseguir al ex mandatario “genocida” George W. Bush”. A manera de desagravio por “el atropello de la CPI”, Chávez invitó al cuestionado mandatario de Sudán a visitar Venezuela.

Sin duda, esta postura aparta aún más al gobierno venezolano de la institucionalidad democrática y del derecho internacional. Cabe recordar que Venezuela es uno de los países firmantes del Estatuto de Roma que reconoce la legitimidad de la CPI y por ello estaría obligado a ejecutar la orden de arresto emitida por el tribunal al mandatario sudanés.

La postura desafiante mostrada en Qatar, seguramente signará las visitas de Hugo Chávez a Irán, China y Japón, aunque en este último país es previsible que utilice un tono más moderado. Y no sólo porque allí no tendrán eco las propuestas anticapitalistas y antiestadounidenses, sino porque su principal interés con el gobierno nipón es lograr el impulso de las exportaciones venezolanas a Japón y el apoyo de Tokio a los proyectos de explotación de gas natural líquido en Venezuela.

Los costos internos

A la vez, esta nueva gira internacional del presidente Chávez está produciendo especial malestar en la población venezolana. No se entiende por qué tiene que ausentarse del país en un momento de grave crisis nacional, en el que el gobierno emprende una serie de medidas de ajuste económico y solicita austeridad a la empobrecida sociedad; un momento en que proliferan las protestas de los gremios y los sindicatos exigiendo justas reivindicaciones.

Se juzga incongruente que un día después de haber firmado el Decreto para la Eliminación del Gasto Suntuario o superfluo en el sector público nacional, el presidente solicite a la Asamblea Nacional que le apruebe un viaje que no se ve necesario y se estima muy costoso. Según el ex diputado de la Asamblea Nacional y director nacional del partido Proyecto Venezuela, Carlos Berrizbeitia, sólo las visitas a Qatar, Irán y Japón significan una erogación de más de 1.631.200 dólares, considerando la tasa oficial.

Además, apartando quizás su asistencia a la II Cumbre del ASPA a la cual ya estaba comprometido, para muchos venezolanos no se justifica que Chávez vaya a Japón y menos a Irán y China cuando los intercambios oficiales y los acuerdos firmados con estos países han sido numerosos. Hace pocas semanas estuvo en Japón el ministro de Energía de Venezuela,Rafael Ramírez, con motivo de la firma de un memorando de entendimiento para el desarrollo energético. Y con Irán y China los contactos y visitas entre funcionarios de alto nivel son permanentes.

Con ellos ya están en marcha diversos proyectos de cooperación científica, agrícola, energética, industrial y en especial militar ¿Es pues imprescindible la presencia presidencial?, ¿por qué no enviar al canciller Nicolás Maduro?


EL ANÁLISIS DE INFOLATAM
María Teresa Romero

LOS CINCO DESAFÍOS MAYORES DE FUNES

El presidente electo deberá mostrar sus mayores destrezas administrativas, ante el anuncio que el principal picio de la crisis económica y social arranca en junio con su gobierno.

RedaccionDiario El Mundo

El presidente electo Mauricio Funes tendrá, desde el primero de junio, el mayor peso de la historia que un hombre contemporánea podrá tener sobre sus hombros.

Funes no sólo se convertirá en el hombre de la transición política más importante de El Salvador muchísimas décadas sino que su gobierno nace cercado por una serie de severos problemas.

Las dificultades más importantes que tendrá que encarar Funes están vinculadas con la severa crisis económica y social local e internacional.

Manejo de crisis


Por esa razón, su gobierno no será sólo de transiciónm sino que tendrá que graduarse, casi inmediatamente, en el manejo de crisis.

La actividad económica salvadoreña está en claro descenso y el panorama no podria ser peor: la producción cae rápidamente, las ventas externas también y todos los indicadores económicos se encuentran adornados de luces de emergencia.

Para colmo de males, hasta las remesas que envían los salvadoreños desde el exterior comienzan a reducirse y ponen en peligro la economía nacional.

Pero, no sólo la crisis será un reto para Funes. Igualmente tendrá otra serie de desafíos como los entendimientos con su propio partido, la necesidad de convocar a otras fuerzas políticas que se convertirán en sus opositores y hasta la cercanía que tendrá que tener con las gremiales empresariales.

Dinero, acuerdos, manejo de crisis son, hasta ahora, los mayores retos de Funes en un momento en que hasta los miembros de su gabinete tendrán resonancia.

Gobierno para la crisis
El gobierno del FMLN encabezado por Mauricio Funes no sólo será el primero de esa agrupación política sino que se estrenará con una crisis económica y social de dimensiones que todavía no acaban.

En los últimos cuatro meses, el país ha perdido más de 30 mil empleos, la producción industrial cayó dramáticamente, el comercio se contrajo y el país tiene tantos signos de dificultades juntos, que las primeras acciones de Funes deberán enfocarse, necesariamente, en el manejo de la crisis local y mundial.

No existe un solo sector productivo de El Salvador que no esté lastimado por la crisis. Incluso, las exportaciones a los dos socios comerciales más importantes del país (Guatemala y Estados Unidos) también cayeron y siguen cayendo, al igual que las remesas que entregan el 18 por ciento del PIB.

Todo eso obligará a Funes a hacer obligados ajustes en su programa de gobierno, a colocar nuevas prioridades a sus acciones, a suspender, posiblemente, algunas nuevos programas porque, además, las finanzas públicas se encuentran debilitadas en sus ingresos, producto de la misma crisis. Los problemas también lo obligarán a seleccionar, cuidadosamente, su gabinete de gobierno.

Relaciones con su partido
Funes ha dicho, reiteradamente, que las relaciones con su propio partido son sanas y vigorosas. Los hechos han demostrado eso. Pero, ante la ausencia de una correlación propia, y por el hecho de que otros gobiernan su partido, el presidente electo necesita fortalecer esas relaciones hacia el futuro.

Sobre todo porque deberá tomar decisiones que, posiblemente, no serán del agrado de todos sus partidarios como la selección del gabinete, los encuentros y garantías que deberá darle a los sectores empresariales del país, sus relaciones futuras con ARENA, la necesidad de fortalecer el sector privado en medio de la crisis, los obligados alejamientos que deberá ejecutar de gobiernos como el de Hugo Chávez para seguir, como lo ha dicho, la línea de Lula Da Silva.

El gobernante brasileño encabeza una línea de izquierda pragmática y moderada. Funes tiene, dentro de su partido, sectores que estarían de acuerdo con radicalizaciones mayores que, hasta ahora, él no está dispuesto a seguir. Además, la garantía que ha ofrecido de no lanzar a la calle empleados públicos, le resta maniobra para colocar a seguidores de su partido dentro de su futuro gobierno.

Crisis en finanzas públicas
Los anuncios hechos por la administración tributaria en el sentido de que las recaudaciones mensuales han desmejorado en sumas que oscilan entre $30 y $60 millones mensuales y que la cosa podría empeorar, pone en duros aprietos los planes futuros de Funes. La crisis económica ba bajado la recaudación de impuestos. Y esa baja podría ser mayor.

Eso significa que Funes comenzará su gobierno sin el dinero necesario para hacer obras o llevar adelante programas públicos nuevos. Como si eso fuese poco, al pasar las elecciones presidenciales, el gobierno de Saca ha soltado las amarras de los subsidios y ese tema le corresponderá a Funes solucionarlo, lo más pronto posible.


De lo contrario, los transportistas públicos, el consumo de gas propano, la electricidad y otros servicios de los pobladores se encarecerán y profundizarían la crisisi de las economías familiares.

La nueva administración tendría poca capacidad de maniobra financiera y, posiblemente, la crisis misma oscurecería el plan del presidente electo de promover un pacto fiscal que permita recaudar mucho más dinero a la administración tributaria.Otro camino que podría pensar el nuevo gobierno es contraer nuevos créditos externos en un país que mantiene limitadas esas capacidades.

Relaciones con los otros partidos
Si Funes desea combatir con éxito la crisis, y si se propone administrar el país sin grandes agrietamientos y sin ansiedades, deberá buscar un gobierno de unidad nacional, como lo ha planteado. El FMLN no posee los votos suficientes para conseguir mayorías mínimas en la Asamblea Legislativa.

Eso hará dependiente a su gobierno de partidos como ARENA, el PCN y el PDC. Pero, además, el tránsito hacia esa obligada ruta pasa, a la vez, por la búsqueda de acuerdos importantes con el principal partido opositor que aglutina, entre sus filas, a los sectores productivos más importantes del país.

Es probable que ARENA pida garantías mínimas a su gobierno para tratar de encontrar puntos en común. De forma igual actuarían los restantes partidos representados en la Asamblea Legislativa.


Funes necesita de los demás para aspectos tan relevantes como aprobar nuevas leyes o reformas a las actuales o asuntos de dimensión igualmente importante como mantener un clima que favorezca la gobernabilidad. Para cumplir ese papel, será clave el nombramiento de las figuras que servirán como intermediarios de Funes con los restantes actores políticos.

INCERTIDUMBRE EN EL SALVADOR

En los últimos meses, a menudo parecía que el debate político en El Salvador estaba de regreso a los años ochenta. Los políticos conservadores advertían que el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) es un grupo "comunista" que arruinaría al país.

Los defensores del FMLN contraatacaban asegurando que el partido traería justicia social a la sociedad salvadoreña.Transformado de movimiento guerrillero a partido político, el FMLN perdió cuatro elecciones presidenciales consecutivas debido a sus políticas y candidatos radicales.

El mensaje de la mayoría era claro: "no vamos a elegir radicales para la Presidencia". Pero esta vez los líderes del FMLN captaron ese mensaje y, astutamente, escogieron como candidato a una personalidad ajena al partido. Mauricio Funes era famoso desde sus días como presentador de televisión. También era una figura moderada que no se asemejaba a los radicales ex guerrilleros que por mucho tiempo han dominado el FMLN.

Su rival de ARENA, Rodrigo Ávila, era el ex jefe de la policía nacional de El Salvador.

En la campaña, ARENA trató de convencer a los votantes de que el FMLN no había cambiado desde sus días de guerrillas. "Si vuela como un pato, nada como un pato y come como un pato, es un pato. El FMLN es un partido comunista", dijo el presidente Antonio Saca.

Mostrando tomas de Hugo Chávez, los anuncios televisivos de ARENA advirtieron que el FMLN traería un gobierno de ese corte a El Salvador. Y los conservadores advertían que Chávez estaba proveyendo petróleo barato a los municipios dominados por el FMLN.

Funes insistió en la moderación y se distanció del radicalismo de FMLN. Prometió gobernar de la misma manera pragmática del brasileño Lula da Silva. Adoptó un mensaje de "cambio seguro" y se comparó a sí mismo con Barack Obama. El FMLN también suavizó los aspectos más radicales de su programa.

Durante meses, el candidato del FMLN tuvo amplia ventaja en las encuestas. Pero Ávila fue recuperando terreno. ARENA, en enero, ganó la alcaldía de la capital, San Salvador, concluyendo 12 años de control del FMLN. A fines de la campaña presidencial, los comentaristas esperaban un resultado estrecho.

Así fue. Funes le ganó a Ávila por poco más de 68.000 votos de un total de 2,6 millones. Fue una elección pacífica y ordenada, y ambos bandos aceptaron el resultado sin protesta. El proceso fue un triunfo para la joven democracia salvadoreña.

Ganar una elección presidencial por 2,6% no da un mandato amplio para cambios radicales y parece que Funes tiene esto claro. No propugna el cambio radical, sino que habla de "cambio seguro". Obviamente está tratando de transformar un partido de extrema izquierda en uno de izquierda moderada. Después de declararse vencedor, la noche del domingo 15, siguió pregonando a los cuatro vientos su moderación y prometió mantener buenas relaciones con los Estados Unidos.

"No revertiremos ninguna privatización," dijo a la televisión salvadoreña. "No pondremos en peligro la propiedad privada. No hay ninguna razón en este momento para el temor".Pero la mayoría de los votantes que se opusieron a Funes no le tenían miedo a él sino a su partido. Como reportó Associated Press, "ex guerrilleros serán, casi sin duda, parte del gobierno de Funes".

Sus escogencias para el Gabinete indicarán con mayor claridad hacia donde se encamina El Salvador. La jerarquía del FMLN está llena de ideólogos de extrema izquierda como Salvador Sánchez Cerén, un ex comandante guerrillero que será vicepresidente. Sánchez Cerén es acérrimamente antiestadounidense y tiene muy poco en común con Funes. Son una extraña pareja política.

La pregunta es: ¿Será Sánchez Cerén el verdadero poder tras el trono en la administración de Funes? Funes tomará posesión el 1 de junio. Heredará una economía debilitada, una corrupción creciente y un grave problema de criminalidad.

Los salvadoreños no quieren ver al FMLN imponer un programa ideológico de izquierdas, sino que anhelan soluciones prácticas a sus problemas económicos y a la inseguridad ciudadana. El FMLN tiene la fracción más grande en el Congreso, pero en conjunto los partidos conservadores tienen mayoría. Con ello, los conservadores, si hacen una oposición responsable e inteligente, pueden contribuir a que las políticas del nuevo Gobierno sean realmente moderadas.

Hasta ahora, Funes no ha incurrido en poses ideológicas, aunque ha prometido restaurar las relaciones diplomáticas con Cuba, una antigua meta de los radicales del FMLN. El hecho de que un extremista de izquierdas como Salvador Sánchez Cerén vaya a estar a un paso de la presidencia salvadoreña es perturbador.

Pero Funes parece ser un hombre pragmático y debe comprender que los salvadoreños no quieren una administración radical sino soluciones responsables para los graves problemas del país. Marchar por la senda de Hugo Chávez sólo serviría para empeorar esos problemas.

Jaime Daremblum
Director, Centro de Estudios para América Latina del Hudson Institute, Washington D.C.