jueves, 16 de abril de 2009

LA REFORMA CONSTITUCIONAL

Una nueva oportunidad para fortalecer la institucionalidad del país está por perderse. Todas las reformas para avanzar en la independencia de la Corte de Cuentas de la República y el Tribunal Supremo Electoral; contribuir a la conformación de la Corte Suprema de Justicia bajo criterios más técnicos que políticos; otorgar una mayor credibilidad a la elección de otros funcionarios de segundo grado como el Fiscal General de la República, Procurador General y el Procurador para la Defensa de los Derechos Humanos, y aprobar las escuchas telefónicas como un instrumento claro de combate al crimen organizado, simple y sencillamente pareciera no estar en la agenda ni del Presidente electo, ni de las autoridades provisionales de ARENA.

Por el contrario, lo que se afirma es que el "combo" del Fiscal General por los magistrados de la Corte Suprema de Justicia está "cocinado". ¿Adónde quedó el ofrecimiento de los dos candidatos, ahora uno de ellos electo primer mandatario y el otro manteniendo el cargo de líder de la oposición política, acerca de revisar la institucionalidad creada a través de los Acuerdos de Paz, separando las funciones del Tribunal Supremo Electoral, modificando los requisitos para optar a una Magistratura en la Corte Suprema de Justicia, o transformando la Corte de Cuentas en una verdadera Contraloría del Estado, superando el patrimonio partidario que esta última institución ha tenido en los últimos veinte años? ¿Eran sólo ofertas de campaña huecas y simples anzuelos para conseguir votos? Hoy es el momento para demostrar que realmente "el cambio" ha llegado.

Para reformar la Constitución de la República, el artículo 248 de la misma establece: "La reforma de la Constitución podrá acordarse por la Asamblea Legislativa, con el voto de la mitad más uno de los diputados electos. Para que tal reforma pueda decretarse deberá ser ratificada por la siguiente Asamblea Legislativa con el voto de los dos tercios de los diputados electos. Así ratificada, se emitirá el decreto correspondiente el cual se mandará a publicar en el Diario Oficial".

En otras palabras, nos quedan desde hoy hasta el 30 de abril, tres plenarias que bien podrían prolongarse por varios días para tener el tiempo suficiente, si la voluntad política de los partidos políticos existiera, hasta lograr un consenso sobre las reformas a la Constitución a través de las cuales, nuestras instituciones, las de todos los salvadoreños, afincarán sus raíces para consolidar aún más nuestro desarrollo democrático.

En estas sesiones plenarias, únicamente se necesitaría de 43 votos para aprobar las reformas mencionadas y en la próxima legislatura, la que inicia a partir del 1º de mayo, se requerirían 56 votos para su ratificación y entrada en vigencia, por lo que es preferible, si el consenso existiera, que desde la Asamblea actual se aprobaran las reformas con la mayoría calificada que exige la Constitución para su ratificación.

No hay excusas para detener tres años más la revisión de nuestra institucionalidad. Ni ARENA ni el FMLN pueden ni deben poner en riesgo la estabilidad política de nuestro país. Con una crisis económica en ciernes, una situación fiscal complicada, un ambiente de inseguridad pública complicado y unas instituciones débiles, o lo que es peor, proclives a la corrupción, el panorama para el nuevo gobierno no es nada optimista.

¿Qué de izquierda o de derecha tiene transparentar aún más la actividad del Tribunal Supremo Electoral, o exigir que al presidente de la Corte de Cuentas se le elija con 56 votos y no con 43 como extrañamente se reguló en la Constitución, siendo este funcionario del mismo nivel que el Fiscal General o los procuradores o magistrados para cuyo nombramiento se exige mayoría calificada? Lo que se lograría con esta última reforma es el obligado consenso entre los dos partidos mayoritarios para elegir un titular que desarrolle su labor con estricto apego a la Carta Magna.

El "cambio seguro" y la "renovación de ARENA", no finalizan con las señales que hemos presenciado en las últimas semanas, con abrazos entre el Presidente saliente y el entrante, o la gira nacionalista para conocer los reproches de la estructura de Alianza Republicana, que aunque positivas, son insuficientes.

El cambio que todos esperamos está a tan sólo una "levantada de brazo" que los diputados actuales y los que iniciarán sus funciones en mayo, de todos los partidos, deberían realizar en beneficio del país, llevándose consigo el mérito de haber reformado para bien la institucionalidad nacional. Esa es la esperanza que realmente hizo ganar al Presidente electo y la que comprobará que ARENA quiere transformarse y seguir siendo una opción de poder en los próximos quinquenios.

Una reforma más está pendiente de aprobación: la que resuelve el problema constitucional para la entrada en vigencia de los convenios 87 y 98 sobre libertad sindical y negociación colectiva que ya fueron aprobados por la Asamblea Legislativa y depositados por el actual Gobierno de la República a través el Ministro de Trabajo y Previsión Social en la Organización Internacional del Trabajo. Con la reforma del artículo 47, se estaría eliminando el valladar constitucional que de acuerdo a la Corte Suprema de Justicia impide la sindicalización de los empleados públicos.

Eso sí, tal solución debe ir acompañada de la entrada en vigencia de las reformas que se aprobaron en su oportunidad a la Ley del Servicio Civil, en la que cuidadosamente se incorporaron disposiciones que cuidan el equilibrio de las finanzas públicas en el marco de las negociaciones colectivas que realicen los sindicatos en los distintos ministerios.

Si el año 2009 quedará escrito en los anales de la historia como el de la transición democrática, que se agregue entonces un capítulo más, el de la aprobación de la segunda generación de reformas que permitieron la independencia absoluta de las instituciones con el consecuente beneficio que ello representa para todos los salvadoreños.

Luis Mario Rodríguez
Abogado de la República, con maestrías en Ciencia Política y Derecho Empresarial.

LAS DOS DÉCADAS DE ARENA

(Primera parte)
El uno de junio de 1989, Joaquín Villalobos acompañado de algunos comandantes miraba atento la televisión en el puesto de mando guerrillero. Alfredo Cristiani estaba pronunciando su discurso de toma de posesión de la presidencia de la República. Alianza Republicana Nacionalista había ganado las elecciones presidenciales y la incertidumbre se había apoderado del mando guerrillero.


Por un lado estaba asumiendo el poder un partido cuya principal característica era el anticomunismo. Su principal líder y fundador, mayor Roberto d'Aubuisson, era uno de los principales enemigos de la guerrilla a quien vinculaban a los terribles escuadrones de la muerte, que entre 1979 y 1982 se adjudicaron millares de asesinatos de militantes de izquierda.

No pocos pensábamos que Alfredo Cristiani sólo sería una especie de pantalla, para que el mayor y la Fuerza Armada, ya sin las camisas de fuerza que les imponía la ayuda del gobierno de Estados Unidos, se embarcarían en una guerra total.

Imaginábamos el uso de bombas de napalm de manera masiva en las zonas controladas por la guerrilla, el exterminio de población civil en esas zonas y el asesinato de los líderes de las organizaciones populares en las ciudades. Un baño de sangre aún más grande que el que estábamos viviendo.

Y de pronto Cristiani ofrece al FMLN una solución política negociada al conflicto, a través de un diálogo serio y reservado. No sé si Joaquín Villalobos ya sabía algo del asunto, pero recuerdo que lo vi sorprendido. Desde finales de 1987 se venía preparando la más grande ofensiva militar contra un régimen que había demostrado, según el discurso guerrillero, preferir la solución militar a la salida negociada. Nos referimos al gobierno de Napoleón Duarte, al que llamábamos "la dictadura militar demócrata cristiana".

La verdad es que el FMLN intentó entre 1980 y 1981, copiar casi de manera mecánica la forma en que los sandinistas habían tomado el poder: la unión de las tendencias o grupos, la simbología, el nombre, el esquema de dirección conjunta y el lanzamiento de una ofensiva militar para provocar el alzamiento generalizado del pueblo contra la dictadura. Pero las diferencias entre los dos procesos, si bien tenían puntos comunes, eran muchas.

La principal era que los sandinistas se habían enfrentado a una dictadura personal repudiada por casi todos los sectores nicaragüenses y el mundo entero. En el país el golpe de Estado del 15 de octubre había llevado al poder a una serie de juntas de gobierno conformadas por militares y civiles, que mantenían un discurso de moderación y promesas de convocar a elecciones para restablecer el orden constitucional. No se podía hablar, en el caso salvadoreño, del clásico tirano como Somoza.

Cuando Duarte ganó las elecciones en 1994, el FMLN quedó haciendo la guerra a un gobierno surgido de elecciones. Ciertamente fueron unos comicios en medio de la guerra, pero elecciones al fin y al cabo. Por eso es que Joaquín Villalobos ideó el término de "dictadura militar demócrata cristiana". La verdad es que el gobierno de Napoleón Duarte encontró su principal apoyo en el gobierno de Ronald Reagan y su firme determinación de parar el avance comunista en Centro América y el mundo.

Napoleón Duarte no tenía casi ningún apoyo interno para impulsar una salida negociada a la guerra. El FMLN por su parte, estaba convencido que en algún momento podría derribar al gobierno al que consideraban débil y cada vez más impopular. Por eso, entre otros factores, ARENA ganó las elecciones presidenciales de 1989 y allí estábamos ahora viendo a Alfredo Cristiani, lanzando una sorpresiva oferta de solución política negociada.

Joaquín Villalobos de inmediato convocó a una serie de reuniones tanto del ERP como de la Comandancia General del FMLN, para construir los términos políticos en que se respondería de manera oficial a la propuesta del nuevo gobierno. Al FMLN, abanderado, por razones de estrategia del diálogo, no le quedaba otra opción más que aceptar. Por esos días un entusiasmado Ignacio Ellacuría, uno de los más duros críticos del gobierno de Duarte, llegó a Managua para persuadir a los jefes guerrilleros de la sinceridad y seriedad de la propuesta de Cristiani.

Tengo entendido que las reuniones entre el padre Ellacuría y los comandantes no estuvieron exentas de algunas diferencias en cuanto al análisis sobre el nuevo gobierno. Al final el FMLN y el gobierno comenzaron las primeras rondas de negociación en septiembre de 1989. Pero el FMLN venía preparando con sumo cuidado y dedicación la más grande ofensiva guerrillera para tomar el poder.

Marvin Galeas
Columnista de El Diario de Hoy

miércoles, 15 de abril de 2009

RESPONSABILIDAD, SENSATEZ Y CORAJE

Toda transición gubernamental genera inquietudes. Es natural. Pero cuando a esa transición se agregan los movimientos que produce un cambio partidario en el Ejecutivo, entonces nos hallamos ante un proceso bastante peculiar que, mal manejado, podría crear serios problemas.

El recambio entre ARENA y FMLN en el poder político del país está íntimamente relacionado con la imagen que proyectan ambos partidos. A buena parte de la población le pone nerviosa que el Frente llegue a ocupar las instituciones gubernamentales con una visión partidaria, quizá peor y más carnívora que aquella impulsada por los areneros en veinte años. A otro segmento poblacional le preocupa que el oficialismo saliente caiga en la tentación de socavar la institucionalidad para complicar, de entrada, al nuevo gobierno.

Ciertamente, tanto ARENA como el FMLN pueden seguir esos caminos. Conozco varios funcionarios públicos que desearían sostener en sus cargos a todos esos incondicionales que sirvieron a su partido y a su ideología antes que al país. Pero también sé de grupos sindicales que, tras varios años de sembrar el odio y la división al interior de las instancias gubernamentales, ahora dicen sentirse seguros de que la llegada del Frente al poder traerá por fin las tan ansiadas "reivindicaciones", que no son otra cosa que prebendas, compadrazgo y ventajismo corrupto en detrimento del Estado.

¿De qué depende que la institucionalidad no vaya a resultar gravemente dañada en esta complicada transición? En mi opinión, dependerá de virtudes y actitudes que ningún mandatario, ni entrante ni saliente, puede garantizar, porque son inherentes a la mentalidad, formación y sentido ético de los individuos. Me refiero a responsabilidad, sensatez y coraje.

Cuando se está al frente de una institución del Estado, por muy pequeña que sea, un titular sabe muy bien qué cálculos hacer para que esa institución cubra sus necesidades a lo largo del año. Si ese funcionario, a sabiendas que su periodo de gestión finaliza a mitad del ejercicio fiscal, hace gastos que comprometen recursos que ya no le tocan administrar, sus proyecciones no estarían sirviendo a la institución y a sus beneficiarios, sino a un deseo mezquino de obstaculizar los planes del sucesor.
Requiere un sentido mínimo de responsabilidad entender que la institucionalidad es más importante, siempre, que los proyectos de quienes ocupan, de manera eventual, los puestos más altos de las instituciones. Pero esto significa que la sucesiva cadena de titulares, sujeta a los recambios gubernamentales, debe tener mucha sensatez al momento de evaluar los planes más visionarios y mejor ejecutados en el periodo anterior.

Personalmente, al recibir Concultura de manos de mi antecesor, Gustavo Hérodier, obtuve de él toda la información que necesitaba para hacer la transición con la menor cantidad posible de sobresaltos. Gustavo no había tenido esa suerte al empezar su gestión, así que fue sumamente generoso conmigo y me ayudó, con lealtad y nobleza, a navegar por aquellas aguas administrativas desconocidas para mí.

Sin el sentido de responsabilidad de Gustavo y sin la sensatez que tuvimos al dar continuidad a los buenos proyectos que se habían realizado en su periodo, la transición hace cinco años habría sido sumamente difícil en Concultura. Aunque ignoro quién será mi sucesor a la cabeza del Consejo, desde ya le ofrezco toda mi colaboración para que este nuevo recambio de titulares no afecte en nada las actividades institucionales.

La magnífica experiencia que tuve entre mayo y junio de 2004 me sirve ahora para incentivar a otros funcionarios, salientes y entrantes, a hacer lo mismo, es decir, a actuar con responsabilidad, nobleza y sensatez. Las mezquindades y los revanchismos sólo afectarían a la institucionalidad del país. Responsabilizarnos del buen manejo de los recursos, humanos y financieros, es parte del trabajo que debemos hacer, los que dejamos el Gobierno, hasta el último día de nuestra gestión, así como para los nuevos funcionarios lo será a partir del primer día de la suya.

Sólo quien ha sido servidor público alguna vez sabe cuán pesadas cargas empiezan a llevarse en la espalda cuando se acepta un cargo estatal. Por lo mismo, el mejor receptor de sus consejos y advertencias es precisamente aquel que va a sucederle en ese cargo. Y este último, si es sensato, sabrá escucharle con atención y cuestionarle con agudeza. El manejo de fondos públicos, a fin de cuentas, es una de las tareas más delicadas que existen, y la ignorancia respecto de los intrincados procesos gubernamentales puede ser fatal para una administración que quiere ser honesta.

Finalmente, las transiciones políticas llegan al éxito si sus protagonistas poseen personalidad y coraje. Hablo del tipo de coraje que sabe enfrentar las presiones de los mezquinos y los revanchistas, que son abundantes a ambos lados de nuestra "cancha" política.

Tanta valentía debe tener el titular que protege la institucionalidad del país antes que los intereses partidarios, como valeroso debe ser el funcionario nuevo que desde el inicio de su gestión se muestra ecuánime y prudente. Ni siquiera el más alto cargo o el mejor remunerado tienen el valor de una conciencia tranquila.

Federico Hernández Aguilar
Escritor y columnista de El Diario de Hoy.

martes, 14 de abril de 2009

SIN CONSENSOS, LA CRISIS SERÁ PEOR

La crisis económica mundial que ya se refleja en nuestro país no la puede enfrentar ningún gobierno ni mandatario solo.

La única manera será logrando un consenso sobre cuáles son las políticas específicas a impulsar y “jalar la carreta” juntos. Se requiere un partido de gobierno flexible a las peticiones de la oposición y, por supuesto, una oposición mucho más constructiva que el estándar intransigente que mostró el FMLN todos estos años.

El FMLN históricamente ha sido el partido del “no” en la Asamblea Legislativa, negándose sistemáticamente durante los últimos 20 años a acompañar al partido de gobierno en proyectos de país. En las difíciles condiciones en que asume el nuevo liderazgo, esto tiene que cambiar. El Frente tendrá que decir “sí” a las propuestas constructivas de la oposición y ARENA no puede convertirse en el nuevo partido “del no”.

ARENA, como oposición, deberá ser propositivo, con iniciativa propia, impulsor de políticas que beneficien a la población, pero apoyando también aquellas medidas favorables que emanen del Ejecutivo. No obstante, ARENA deberá negociar estratégicamente cada apoyo que se otorgue a Funes. El Frente deberá pagar la factura de la gobernabilidad y ARENA la deberá cobrar con inteligencia, responsabilidad, y sobre todo con visión de país.

Para ello ARENA debe prepararse, partiendo de su reconversión y de la renovación de su liderazgo. Grave error e irreparable daño cometerían los que perdieron las elecciones tratando de mantenerse en la cúpula de ARENA. El nuevo reto demanda un equipo de dirigentes frescos pero con experiencia y con la capacidad intelectual y política para desarrollar e implementar una estrategia de mediano y largo plazo y además con la habilidad para concertar sobre políticas de beneficio para el país.

Para no quebrar la caja del Estado y lograr la gobernabilidad del país, Funes requerirá acceso a nuevos préstamos, tanto para refinanciar la deuda existente como para financiar proyectos de inversión pública que, además de aliviar la pobreza, contribuyan al dinamismo de la economía y a la generación de empleo. Pero la aprobación de nuevos préstamos no deberá verse de forma aislada de los demás temas de interés nacional.

ARENA deberá exigir, entre otras cosas, la ratificación de la Ley de Acceso a Información Pública, que promueve la transparencia en el uso de recursos del Estado y le da un golpe certero a la corrupción en el Gobierno, algo que queremos erradicar todos los honestos salvadoreños. Asimismo, se le debe requerir a Funes que reconfirme su oferta electoral de “no nuevos impuestos”, y más bien, que trabaje en la ampliación de la base tributaria e implemente nuevas estrategias para combatir la evasión fiscal.

Adicionalmente, la gobernabilidad y la confianza en el gobierno demandan la independencia de los tres poderes del Estado. Por ello, debe el Frente tener claro que si imponen una renovación de la Corte Suprema de Justicia alineada con su partido dañarán su credibilidad y perderán la confianza y el apoyo de amplios sectores de la población. Si, por ejemplo, un reconocido líder del FMLN es electo como magistrado de la CSJ, politizando la institución, que luego no se quejen los farabundistas por la baja inversión privada en el país, resultado de la lógica perdida de confianza. Sin inversión, sufrirá el empleo, la recaudación fiscal, y consecuentemente la gobernabilidad.

Los temas fiscales y los temas institucionales como la elección de los magistrados de la CSJ requieren consenso de país, a menos que el Frente desee profundizar la crisis económica en el país y pegarse un tiro en su propio pie.

Miguel Lacayo, El Observador Electoral de El Diario de Hoy

ADVERTENCIA AL PUEBLO SALVADOREÑO

Como es natural, las fuerzas democráticas de El Salvador estarán revisándose internamente, analizando por qué perdieron las elecciones ante el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). La critica interna es útil, puesto que permite descubrir errores y mejorar estrategias, pero no hay que darle muchas vueltas al asunto.

Pese a los posibles errores cometidos, Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) perdió básicamente por dos razones: primero, debido a los veinte años de desgaste en funciones de gobierno; y segundo, por el masivo apoyo internacional que recibió el FMLN por parte del Foro de Sao Paulo. El deseo irracional de “cambio“ hizo el resto.
Ahora hay que mirar hacia adelante: “A lo hecho, pecho”.

La campaña electoral de ARENA tuvo un acierto innegable: advertir que, de llegar al poder, Mauricio Funes intentaría reproducir el modelo chavista en El Salvador. La campaña fue tan exitosa, que el FMLN ganó con una mínima diferencia: mientras que Funes quedó tan marcado, que difícilmente pueda modificar la Constitución para controlar los poderes públicos y perpetuarse en la Presidencia, como lo han hecho Chávez, Morales y Correa.

Sin embargo, el FMLN está buscando otros caminos para debilitar al Estado y para destruir la democracia. Las páginas electrónicas de la izquierda internacional ya están señalando un camino: desempolvar los expedientes de la guerra civil y enjuiciar por delitos de lesa humanidad a quienes lucharon contra la guerrilla marxista (o sea, contra el FMLN).

Esta es la estrategia que implementaron con éxito los esposos Kirchner, en Argentina, y el Frente Amplio, en Uruguay. Derogaron las leyes de amnistía, y aplicaron su derogación de forma retroactiva; juzgando solo a quienes combatieron la subversión, y dejando intactos a los terroristas que asesinaron, secuestraron y colocaron bombas; puesto que muchos de ellos ahora ostentan altos cargos de gobierno.

Poco importa que la maniobra sea inconstitucional e ilegal. Los del FMLN recurrirán a sus aliados del Foro de Sao Paulo -como Chávez y Lula- para que Unasur y demás organismos controlados por la izquierda legitimen sus planes.

Las fuerzas democráticas de El Salvador deben aprovechar el tiempo ahora, cuando la ofensiva de los rojos todavía no comienza, para diseñar su estrategia defensiva; la cual debe contemplar -de manera prioritaria- una alianza con los sectores democráticos de América Latina. Dado que el FMLN actúa internacionalmente, también la futura oposición debe hacerlo.

Aprovecho para hacer un llamado de atención a quienes todavía piensan que Funes es un moderado y que no se comportará como Chávez. Reza el dicho: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. No se puede confiar en un individuo que trabaja estrechamente con Salvador Sánchez Cerén y con José Luis Merino, el agente de las FARC en El Salvador.


Alejandro Peña Esclusa

domingo, 12 de abril de 2009

SOCAVANDO LA DEMOCRACIA

Las recientes elecciones presidenciales celebradas en El Salvador no son como para alegrarse mucho. Tal vez el comentario menos desfavorable que se puede hacer es que la campaña electoral fue en general pacífica, aunque estuvo aderezada con una retórica incendiaria. ARENA, el partido de centro-derecha, se fue tornando aburrido y tedioso después de 20 años en el poder, así como menos dinámico y sensible a las necesidades y expectativas populares, mientras que el FMLN, su contrincante izquierdista, se alimentaba por cortesía de la financiación masiva del presidente venezolano Hugo Chávez.
ARENA y su refrescante candidato, Rodrigo Ávila, perdió por lo menos tres a uno y tal vez por mucho más.

Esta considerable fuente de dinero petrolero venezolano, además de numerosos y diligentes asesores extranjeros, permitió a los comunistas del FMLN obtener a duras penas una mayoría del 51 por ciento, colocando a El Salvador en el camino hacia una probable gobernabilidad impulsiva de un solo partido, de una naturaleza devastadora.

Al arrastrar a El Salvador, Chávez ha avanzado un paso más hacia la creación de un corredor que se extiende desde el Ecuador hasta el Río Grande, en el que se transportan desde ya estupefacientes, armas, terroristas islamistas e inmigrantes ilegales.

La siguiente parada para el temperamental hombre de Caracas: Panamá, donde las elecciones presidenciales y legislativas se celebrarán el 3 de mayo. 


Chávez ha ganado durante la última década - por las buenas o por las malas - tres elecciones presidenciales y varias votaciones de menor cuantía, aunque igualmente importantes para Venezuela.

También se ha inmiscuido en las elecciones presidenciales de Argentina, Bolivia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Perú - perdiendo sólo en el Perú. En medio de todo ese proceso, ha llegado a dominar todo el espectro de los trucos electorales tradicionales - tanto legales como ilegales - desarrollando algunos nuevos en el camino.

Con el fin de evitar que se le acuse de enviar fondos directamente para la reciente campaña electoral de El Salvador, Chávez ordenó a la empresa estatal petrolera, PDVSA, vender grandes cantidades de combustibles a los alcaldes del FMLN, con considerables descuentos. Los complacientes alcaldes revendieron el combustible casi a precios de mercado y las ganancias fueron utilizadas para obtener beneficios políticos e incluso personales.

El autócrata venezolano ha desarrollado el truco a lo largo de varios años, la primera vez haciendo un negocio mutuamente beneficioso con Joseph Kennedy en Massachusetts (aunque tal vez no fuese mutuamente beneficioso en el sentido monetario, era un buen modo de garantizar el silencio de la más conocida familia política norteamericana).

La generosidad petrolera de Chávez, junto con las contribuciones de ultima hora para la campaña de empresarios de Guatemala y Brasil, permitieron al FMLN financiar generosamente los mítines de campaña, la publicidad, el transporte a los lugares de votación, y cualquier otra cosa que fuese necesario para ganar.

En el tope de la oferta del FMLN se situó el popular conductor de noticias de TV, Mauricio Funes.

Operadores extranjeros muy bien entrenados aconsejaron a los funcionarios del FMLN sobre la manera de exponer su caso en una forma no conflictiva, esencialmente mediante el enfoque de "Tiempo para un Cambio".

Los salvadoreños debieron haber visto con escepticismo esa retórica, habida cuenta de la historia del FMLN y de la trayectoria de su candidato a Vice Presidente, Salvador Sánchez Cerén, quien no sólo se identifica con la línea dura comunista, sino que es también un antiguo general de la guerrilla.

Durante la guerra civil de 1980-1992, Sánchez Cerén planeó el asesinato de al menos 1.200 hombres de su propia guerrilla, en una campaña alarmantemente similar a la empleada por el khmer rojo en Camboya. Los combatientes del FMLN fueron alentados a informar sobre cualquier persona que pensaban podría ser un espía enemigo, y los acusados fueron ejecutados sumariamente, por lo general sin siquiera las apariencias de un juicio, en donde habrían muerto posiblemente 2.000 de sus seis millones de ciudadanos.

Considerado como uno de los izquierdistas más comprometidos del partido, el Vice Presidente electo (cuyo alias guerrillero era "Leonel González") no está solo. El Secretario General del partido, Melando González (cuyo alias terrorista era "Milton"), es considerado como su alma gemela, junto con la mayoría del resto de los dirigentes del FMLN.

Hay algunos indicios de que Mauricio Funes no es un seguidor de la línea dura. Su primer contacto con un líder extranjero después de la elección fue con el presidente brasileño Lula da Silva, no con Hugo Chávez. (La esposa de Funes fue a la escuela con Lula).

Algunas fuentes sostienen que Funes es muy consciente de que está rodeado por radicales y delincuentes de la peor calaña y que él es el único obstáculo a la toma del control total del país por su parte. De hecho, su situación de alta exposición le llevó a buscar - y recibir - la protección de guardias de Brasil, tras la sospechosa muerte de uno de sus conductores.

Al Presidente Lula le queda poco más de un año en el poder debido a los límites de su mandato y no hay indicios de que un nuevo gobierno en Brasil le siga dando tanto apoyo. Chávez, por el contrario, ha violentado el derecho constitucional venezolano recientemente para ser candidato presidencial tantas veces como lo desee después de su actual mandato que expira en 2013.

El Presidente electo Funes adoptó un tono moderado la noche de las elecciones, subrayando su deseo de unir al país. Sin embargo, muchos observadores temen - y la línea dura del FMLN tiene la esperanza - de que el país se transforme progresivamente en un estado socialista, una autocracia de partido único, lo que muy probablemente podría desencadenar otra guerra civil.

Un ciudadano preocupado dijo: “Tenemos que rezar para que podamos salir de esto en paz. Si volvemos a la guerra civil, será mucho peor que el caos que conocimos hace casi tres décadas.”

La misma suerte difusa podría estar esperando a la expectante Panamá, que acudirá a las urnas en mayo. La relativamente benigna presidencia de Martín Torrijos, hijo del ex líder panameño general Omar Torrijos, ha sido empañada por sus cercanas "relaciones monetarias" con Chávez, quien utilizó su táctica financiera favorita. En situación tal, la obediencia política viene generalmente como resultado natural, a medida que sus lugartenientes dejan en claro además que un mayor apoyo pecuniario depende de cuan cercana sea la “amistad” de los presidentes.

Si Torrijos, miembro del Partido Revolucionario Democrático (PRD), ha llevado a cabo su mandato en relativa calma (a pesar de la corrupción), la candidata del partido para sucederlo, Balbina Herrera Arauz, promete un tormentoso océano político.

Izquierdista de línea dura y generalmente acusada de corrupción, Herrera ha sabido resistir sin embargo múltiples escándalos. Entre otros pecadillos, destaca que el entonces presidente panameño Manuel Noriega utilizó su casa para ocultarse de las fuerzas de los EE.UU. durante la invasión de 1989, mediante la que fue depuesto, capturado y condenado por tráfico de estupefacientes.

Educada en Cuba, así como en Panamá, Herrera fue una ardiente defensora de Omar Torrijos, quien asumió la presidencia después de 1968 después de haber cocinado un golpe exitoso. Su carrera política incluye el haber sido alcaldesa de San Miguelito, Presidenta de la Asamblea Nacional, y más recientemente administradora de los planes de vivienda en el actual gobierno de Torrijos. Herrera ha desarrollado estrechos vínculos con Hugo Chávez, una relación que ha tratado de ocultar durante la campaña.

A pesar de las protestas del PRD, la estación de televisión panameña Mega TV ha señalado la existencia de un programa similar a la financiación de Chávez de las elecciones en El Salvador, en la que el petróleo venezolano se vendería a negociantes inescrupulosos con grandes descuentos y el producto de la reventa entregado a la campaña de Herrera.

Hasta la fecha, la normalmente estridente Herrera ha adoptado un estilo de campaña muy moderado. Su popular oponente, el empresario de supermercados Ricardo Martinelli, es candidato por el pequeño partido Cambio Democrático, que ocupa tres de los 78 escaños de la Asamblea Nacional, frente al dominante PRD que cuenta con 47.

Educado en los Estados Unidos, Martinelli se desempeñó anteriormente como Presidente de la Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá y como Ministro para los Asuntos del Canal. Afortunadamente para la libertad de Panamá y de la región, las encuestas muestran que Martinelli Herrera se encuentra aparentemente adelante con un cómodo margen de 49 a 37 por ciento.

Los riesgos son aún mayores en Panamá que en El Salvador. Al detentar el control del Canal, Panamá constituye un vínculo estratégico fundamental a nivel mundial, ya que incluso una interrupción temporal de sus operaciones del serían de gran beneficio para gente como Hugo Chávez, Mahmoud Ahmadinejad y Vladimir Putin.

Ya existe un punto débil estratégico: las operaciones son efectivamente controladas por el gobierno chino a través de contratos de gestión en poder de la empresa Hutchison Whampoa, basada en Hong Kong.

El Canal de Panamá es un vínculo crucial para el tráfico del 20 por ciento del comercio de los EE.UU., que va desde automóviles, pasando por aparatos electrónicos, granos y petróleo, así como grandes cantidades de comercio regional y mundial. Su interrupción podría crear aún más caos en la ya asediada economía mundial, al obligar a los cargueros y petroleros a desviarse hacia el extremo sur de América del Sur y navegar por el traicionero Estrecho de Magallanes, una vuelta al que añadiría una distancia de hasta 10.000 millas.

Si Panamá se añade a la lista de victorias de Chávez, el corredor desde Ecuador hasta la frontera con los EE.UU. es igualmente crítico, pues tendría sólo los débiles arrecifes de Costa Rica y México para impedir el paso de todo tipo de productos no deseados y emigrantes ilegales en dirección norte.

Costa Rica tiene el orgullo de no poseer una fuerza militar y apenas una policía limitada, mientras que el gobierno de Felipe Calderón en México se encuentra en medio de una guerra con el grupo de traficantes de droga más fuerte, más rico y mejor armado del mundo.

Con regímenes simpatizantes de Chávez en el resto de los países, el tráfico de todo, desde drogas ilícitas hasta terroristas islamistas a través de la porosa frontera México-Estados Unidos se vería facilitado.

Es fácil culpar a las sucesivas y negligentes administraciones de Washington del avance del socialismo autoritario en toda América Latina. Pero la recuperación de una democracia verdadera y relativamente honesta en países radicalizados, gobernados por dictadores nominalmente socialistas y encabezados por el camisa roja venezolano, puede ser mucho más difícil.

Norman Pino De Lión, ex diplomático de carrera venezolano, se desempeñó como embajador en Arabia Saudita y los Países Bajos. John R. Thomson, analista geopolítico y ex diplomático, se centra en el mundo en desarrollo.

DOBLE CRISIS ELEVA DESAFÍOS DEL PRÓXIMO GOBIERNO

En el breve plazo que medió entre enero y febrero de 2009, los ingresos tributarios del Estado por concepto de impuestos bajaron en 37 millones de dólares, ilustran datos del Banco Central de Reserva (BCR) en esa nación centroamericana.La caída, con tendencia a agravarse, resulta inquietante porque constituye la principal fuente de recursos para la inversión pública y los gastos corrientes en ese pequeño país, sometido durante años a un intenso proceso de privatización empresarial.

Muchos auguran grandes contratiempos al futuro presidente, Mauricio Funes, al vicepresidente electo, Salvador Sánchez Cerén, y al gabinete que los acompañe durante los cinco años de mandato, mientras corren voces de alerta sobre el mal manejo del presupuesto por parte del Ejecutivo saliente.

Los bemoles de la crisis y la precaria situación en que recibirá las finanzas estatales determinarán los tiempos y las formas de ejecución de las promesas realizadas durante la campaña electoral, según señaló Funes, un ex periodista reconocido por su apego a la verdad.

El presupuesto de 2009 fue calculado sobre la base de un crecimiento económico de tres por ciento, pero recientemente el Ejecutivo, encabezado por el derechista partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), admitió que el Producto Interno Bruto apenas aumentará 0,5 puntos porcentuales.

Ese desempeño económico afectará los ingresos tributarios, y "en lo que resta del año va a ser mal o peor", advirtió el director del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales, Fernando Carrera, citado por el periódico salvadoreño La Prensa Gráfica.

Sin embargo, entre los ciudadanos hay amplias expectativas en espera de las decisiones concretas que adoptará el nuevo Ejecutivo.

La creación de una subcomisión especial conjunta con el propósito de analizar y acordar medidas frente a la crisis fue el principal acuerdo de la reunión inicial entre Funes y el presidente de la República, Antonio Saca, como parte de la transición de poderes que culminará el venidero 1 de junio.

Según periódicos locales, el equipo de gobierno de Funes, dedicado exclusivamente a proponerle posibles medidas anticrisis y políticas públicas, deberá entregar sus primeras recomendaciones a fines de la primera quincena de este mes.

Tanto Funes como Sánchez Cerén tienen el reto de no sólo de lidiar con la desfavorable coyuntura del momento, también se espera de ellos una actuación justa y transparente, posturas enarboladas por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), el partido que los nominó para la Presidencia.Tras 20 años de ARENA en el poder con políticas neoliberales, los efemelenistas heredan una situación colmada de conflictos.

Aproximadamente la mitad de la población está subempleada, mientras la tasa de desocupación de los últimos cinco años mantiene índices elevados, entre el seis y el siete por ciento, de acuerdo con cifras oficiales.Estadísticas gubernamentales también confirmaron que con más de 50 homicidios por cada 100 mil habitantes, El Salvador clasifica entre los países más inseguros del planeta.

A principios de 2009 el costo de la canasta básica era de 750 dólares; mientras los salarios mínimos en principales sectores como la industria maquiladora y la agricultura, andaban por 160 y 100 dólares, respectivamente.

Buscar alivio para la gente más pobre, promover las micro, pequeñas y medianas empresas, pactar con las grades compañías defendiendo los intereses nacionales, desarrollar programas de infraestructura, luchar contra la corrupción y la criminalidad, figuran entre los proyectos planteados por Funes.

Para el electorado había dos opciones: el "continuismo" de ARENA, que representaba "la profundización de la crisis y el auge delincuencial, ó un cambio seguro que va a traer mejor calidad de vida para todos los salvadoreños", precisó Funes durante la contienda de cara a las urnas.

Múltiples sectores explicitan hoy numerosas peticiones al futuro presidente y su Ejecutivo, una postura valorada por analistas locales como expresión de democracia y de reclamos "normales", aunque esperan madurez porque todo lo pendiente no puede hacerse en un año.

Días después de la victoria en los sufragios, Funes viajó a Brasil, donde sostuvo un encuentro con el mandatario de ese país suramericano, Luiz Inácio Lula da Silva, quien prometió incrementar la ayuda a El Salvador.

La oficina de prensa del presidente electo confirmó entonces que las vías serían un acuerdo de cooperación técnica y económica entre los dos países y la entrega de financiamiento para proyectos sociales y de infraestructura, a través del Banco Nacional de Desenvolvimiento de Brasil (el banco estatal de fomento al desarrollo).

Pese a las tensiones financieras, Funes aseguró que cumplirá los compromisos con los acreedores internacionales; no pretende renegociar la deuda del país, la que, indicó, oscila entre ocho y nueve miles de millones de dólares.Entre los empresarios salvadoreños priman las preocupaciones por la desaceleración de la economía; por ello reiteraron su interés de dialogar con el presidente electo.

Pero no está clara la disposición de la cúpula empresarial para compartir los costos de la crisis; figuras prominentes del sector reclaman, entre otras medidas, "flexibilizar el empleo", lo cual puede significar un empeoramiento de las condiciones de los trabajadores.

Como resultado de las votaciones en enero (la primera parte de estas elecciones generales), el FMLN ganó 93 de los 262 Concejos Municipales e incrementó su bancada en la Asamblea Legislativa en relación con 2006.Aunque el Frente se convirtió en la principal fuerza política, en el Parlamento ningún partido gozará de mayoría simple y las decisiones que exijan mayoría calificada tendrán que contar con la anuencia tanto del FMLN como de ARENA, lo cual demandará entendimientos.

El consenso entre ambas agrupaciones es prioritario para que el próximo gobierno pueda echar a andar medidas que alivien el bolsillo de los salvadoreños y el país logre superar la crisis económica, señaló uno de los integrantes del equipo de gobierno de Funes, Gerson Martínez.

Está por ver cómo el nuevo Ejecutivo enfrentará los desafíos de la doble crisis, la interna y la que tiene lugar a escala internacional, cuando se concibió un "cambio en El Salvador para vivir mejor".

Por María Julia Mayoral
Periodista de la Redacción de Centroamérica de Prensa Latina