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domingo, 8 de marzo de 2009

EL SALVADOR Y EL MODELO CHAVISTA

En enero de 2008, durante la toma de posesión del presidente de izquierda guatemalteco Álvaro Colom, Hugo Chávez envió al presidente de El Salvador, Antonio Saca, un mensaje, o por lo menos así se rumoreó. “Ahora te tengo rodeado”, supuestamente dijo el hombre fuerte venezolano a Saca.

En realidad no importa si se trata de una leyenda urbana o de algún planteamiento de la Guía de la diplomacia chavista. Lo importante es lo que transmite: que el salvadoreño teme que Chávez haya estado acosando a su país con la esperanza de añadirlo a su lista de satélites revolucionarios en América Central y del Sur.

Cuando los salvadoreños voten el 15 de marzo para elegir un nuevo presidente, esa preocupación puede influir decisivamente en el voto.

La sabiduría convencional dice que los petrodólares chavistas han impulsado la instauración de gobiernos autoritarios en esta parte del mundo durante la última década. Pero el presidente venezolano también ha causado el efecto contrario, sobre todo en México y Perú en el 2006, donde la asociación de los candidatos con Chávez se convirtió en el beso de la muerte. El chavismo podría tener un efecto semejante en El Salvador.

En esta contienda por la presidencia participan el ex director de la Policía Nacional Rodrigo Ávila, del Partido Arena, de centro-derecha, contra el periodista de la televisión Mauricio Funes, quien representa al izquierdista FMLN.

Funes se postula como moderado, y hasta hoy es el favorito. Pero la contienda está lejos de haber terminado, y si Ávila todavía tiene posibilidades de triunfar es porque muchos salvadoreños lo ven como el único medio de impedir la importación del programa chavista.

Desde 1989 Arena ha triunfado en todas las elecciones presidenciales, por lo que una victoria en marzo sería su quinta victoria consecutiva. Esto hace más difícil el triunfo de Ávila. Pero no es su único problema. Mientras los tres de los presidentes de Arena anteriores a Saca realizaron reformas encaminadas a promover la igualdad ante la ley, el liberalismo económico y el crecimiento, Saca ha hecho lo contrario: es famoso por haber incumplido contratos.

El presidente también ha puesto frenos a la economía de otras maneras. Un gran proyecto de puerto en el municipio Cutuco prometía convertir a El Salvador en el centro de transportación más importante de América Central. El puerto se terminó, pero todavía no ha comenzado a funcionar debido a que el gobierno de Saca demoró casi dos años el proceso de subastar la concesión. Otros proyectos de electricidad, vitales para el crecimiento, también se han detenido.

Asimismo, El Salvador sufre las sacudidas de los vientos contrarios de la recesión global. Las remesas desde el extranjero y las exportaciones, fuentes ambas decisivas para el desarrollo, están disminuyendo y no parece que mejorarán en un futuro cercano. El desplome de los precios del petróleo ayuda a evitar los problemas económicos, pero el sistema financiero, dominado por bancos internacionales, redujo severamente la concesión de créditos.

Todo esto se traduce en un mal funcionamiento de la economía, de lo que se culpa al partido en el poder. Por tanto, parece que será fácil derrotar a Ávila. Sin embargo, las encuestas realizadas hasta ahora, que todavía indican la existencia de muchos votantes indecisos, sitúan a Ávila cerca del candidato Funes. La semana pasada, una de ellas mostró que existía un empate estadístico entre los contendientes.

Para explicar por qué Ávila todavía tiene posibilidades de triunfar se puede descartar la oposición ideológica a un gobierno de centro-izquierda como el de Lula en Brasil. Los salvadoreños están cansados de Arena debido a Saca, y dicen que les gustaría la competencia entre los políticos.

En realidad, lo que asusta a los electores es la evidencia de que, pese a los intentos de Funes de distanciarse del extremismo del FMLN, la dirección del partido sigue siendo el símbolo de la intolerancia.

La actitud del candidato a la vicepresidencia por el FMLN viene al caso. El 15 de septiembre del 2001, Salvador Sánchez Cerén dirigió las bandas que quemaron banderas norteamericanas y celebraron los ataques de terroristas islámicos contra Estados Unidos. Lo ocurrido aquellos días no se ha olvidado.

José Luis Merino, dirigente clave del partido, es más aterrador. Su nombre de guerra apareció en las computadoras que el año pasado capturaron los militares colombianos en el ataque a un campamento rebelde en Ecuador, lo que sugiere que estaba involucrado en el tráfico de armas con las FARC.

De hecho se le considera el jefe del FMLN después de la muerte de Schafik Handal, y no se preocupa por ocultar su apetito de poder. Hace dos años, cuando en una entrevista se le preguntó por el programa del FMLN, respondió: “Es tomar el poder, conquistar todo el país y, de esa manera, asegurar que no cambie la forma de gobierno. Por supuesto, no con bayonetas o persecuciones. Ejemplos hay, como el de Venezuela, que es nuestro modelo”.

Es precisamente “Venezuela” lo que muchos salvadoreños quieren evitar. Temen que, de ser elegido, Funes será echado a un lado por los duros del partido que rehusarán abandonar el poder al término de su gobierno.

El FMLN considera que esto equivale a infundir temores, pero las palabras de Merino dejan pocas dudas de cuáles son sus intenciones. Los salvadoreños no pueden ignorar éstas. Si lo hacen, la economía dolarizada, que suele ser considerada la más abierta y competitiva de América Latina (después de la chilena) estaría en peligro.

Mary Anastasia O´Grady
http://www.neoliberalismo.com/salvador-chavismo.htm

LES DOLÌA LA CABEZA Y LES AMPUTARON LAS PIERNAS

La mayor parte de las encuestas indican que el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) salvadoreño ganará las próximas elecciones del 15 de marzo.

El FMLN está totalmente controlado por los comunistas, como han explicado repetidas veces algunos de sus ex dirigentes más importantes, los hoy socialdemócratas Facundo Guardado y Joaquín Villalobos, curtidos comandantes de la lucha guerrillera de los años ochenta.

Originalmente, se trataba de una supraorganización insurreccional en la que coincidían varias tendencias de izquierda, pero se fue imponiendo de forma implacable la línea más dura hasta anular o expulsar de su seno a quienes no suscribieran la visión de la sociedad, las tesis ideológicas y las tácticas políticas más ortodoxas.

Creo que es la primera vez en la historia de América Latina que una agrupación francamente comunista va a alcanzar la presidencia mediante unas elecciones democráticas.

Es verdad que lleva como candidato a un político independiente, el periodista Mauricio Funes, un hombre hábil y elocuente, pero no es menos cierto que éste va escoltado por un vice, Salvador Sánchez Cerén, y por una bancada parlamentaria, que responden totalmente al FMLN.

No hay, pues, espacio para la duda: si el FMLN gana las elecciones, como es probable que ocurra, son los comunistas los que habrán llegado al poder, y tratarán de hacer lo que ya anunciara José Luis Merino, teórico del grupo, en una cándida entrevista: "No. Nosotros no somos alternancia, somos alternativa. Es llegar al poder, conquistar a la nación entera y que esa forma de gobierno no cambie. Por supuesto no con las bayonetas, ni con persecución. Hay ejemplos, como Venezuela, que es nuestro modelo''.

El FMLN, pues, a juzgar por las declaraciones de Merino, está interesado en gobernar para sumarse a la comparsa del ''socialismo del siglo XXI'' orquestada por Hugo Chávez, hoy por hoy la mayor cantidad de revolución comunista que permite la realidad vigente.

¿Qué significa eso en la práctica? Significa desmantelar las instituciones republicanas que dividen la autoridad en poderes que se contrapesan y equilibran, potenciar a un caudillo con legitimidad constitucional para eternizarse en la presidencia, aumentar tremendamente el perímetro de la actividad económica del Estado, adversar agriamente a Estados Unidos, aliarse a Irán y a los radicales palestinos en la construcción de un agresivo circuito político internacional, y construir grandes redes de apoyo popular mediante el fomento del asistencialismo clientelista, sin tener en cuenta el carácter inflacionario de esa medida demagógica y la destrucción del aparato productivo que conlleva.

Lo curioso es que la inmensa mayoría de los electores salvadoreños que votarán al FMLN lo harán por otras razones totalmente diferentes: quieren más puestos de trabajo, mejor remuneración, precios más bajos y un control efectivo de esa terrible violencia callejera que ha convertido a El Salvador en uno de los países con mayor índice de criminalidad en el mundo.

Es decir, casi todos los votantes del FMLN desean mejorar sus condiciones de vida y perfeccionar el sistema de libertades en el que habitan, pero van a sufragar en beneficio de un partido interesado en cambiar el sistema y en hacer una revolución que marche en una dirección distinta a la que ellos desean, transacción política que es el equivalente a acudir a un médico para que nos quite un dolor de cabeza, pero para ello seleccionamos a un cirujano convencido de que los males del cuerpo se alivian amputándoles las piernas a los enfermos.

Carlos Alberto Montaner
http://www.neoliberalismo.com/link_cam.htm

miércoles, 4 de marzo de 2009

VENEZUELA ANEXADA A CUBA. ¿Y EL SALVADOR?

Alguien ha dicho que el tercer candidato en las elecciones salvadoreñas es Hugo Chávez. Con razón. El papel que el presidente venezolano está jugando en la contienda electoral es tan importante o de mayor peso que el del propio Mauricio Funes. Votar o no votar por este tendría una perspectiva enteramente diversa sin la sombra que proyecta el populista coronel.

José Luis Merino, considerado universalmente el líder más poderoso del FMLN, ha dicho varias veces que el modelo al que aspira su partido es el de Chávez. Este considera desde ya a nuestro país incluido en su esfera de dominio.

Encima de la cual está Cuba. Mauricio Funes ha adelantado que establecerá con esta un programa de cooperación para que médicos de allá vengan a El Salvador, lo cual sería el primer gran paso para anexar nuestro país a Cuba y Venezuela.

Esta última, según analistas, se encuentra sometida a la primera.

Fidel Castro lleva 50 años queriendo anexar a Venezuela, dice Rodolfo Antonio Contreras Turcios. En los sesenta apoyó a la guerrilla venezolana e intentó al menos dos incursiones en sus costas.

Hoy, dice, pareciera que el sueño de Castro se está haciendo realidad. Gracias a Hugo Chávez, la soberanía venezolana está en manos de los cubanos.

El sistema de salud fue una de las primeras áreas de incursión masiva de Cuba. Médicos cubanos se adueñaron del programa Barrio Adentro, a pesar de que estaban, y siguen estado, disponibles médicos venezolanos mejor capacitados.

Un proyecto que podía haber realmente traído beneficios en la salud de los venezolanos, se convirtió en vehículo de adoctrinamiento y penetración de la idiosincrasia de la población más desasistida.

Podemos decir que esa es una profecía para El Salvador si llegase a triunfar el señor Funes el 15 de marzo.

Augurio que es mucho más funesto. La emisión de cédulas de identidad y pasaportes ha sido puesta en manos de los cubanos, con grandes réditos electorales para Chávez.

Los cubanos diseñaron, asesoraron y están manejando el registro mercantil, donde se compila toda la información sobre las propiedades de los venezolanos y las transacciones comerciales sujetas a registro que las mismas realizan. En otras palabras, es la base para que empresas grandes, medianas y pequeñas; casas de habitación, bienes muebles y toda riqueza sea confiscada en el momento que el Estado quisiera dar ese “salto de calidad” hacia el socialismo como se practica en Cuba.

La educación está siendo minada por el ideario cubano. Si en El Salvador abundan síntomas de izquierdización en la enseñanza, podemos imaginar el grado al que llegaría si gobernara el FMLN dirigido por venezolanos y cubanos.

El sistema de seguridad está bajo control cubano. La asesoría militar norteamericana bajo el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) ha sido sustituida por militares cubanos que en los cuarteles son los guardianes de la fidelidad de las Fuerzas Armadas.

El Sistema de Gestión Policial (SIGEPOL) fue creado con el apoyo tecnológico, de asesoría y experiencia de Cuba, destinado especialmente a colar al personal policial y administrativo que trabajará en los cuerpos de seguridad. Obviamente solo los sometidos al partido son aceptados.

En los concejos municipales y en las llamadas “misiones” que son proyectos de asistencia social, actúan funcionarios que son como una milicia a las órdenes de la misión militar cubana.

Dice el comentarista: en la década de Chávez, Venezuela ha pasado de ser un país independiente para ser un espejo de Cuba.


Ivo Príamo Alvarenga / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA
http://www.laprensagrafica.com/index.php/opinion/editorial/21213.html

miércoles, 25 de febrero de 2009

LA INFLUENCIA DE CHÁVEZ EN EL SALVADOR

Durante la asunción de mando del presidente de izquierda de Guatemala Álvaro Colom en 2008, Hugo Chávez mandó un mensaje al presidente de El Salvador Antonio Saca, o al menos eso dice la leyenda. "Ahora le tengo rodeado", le habría dicho el mandatario venezolano a Saca.

Si la historia es un mito o una viñeta real sacada del "Manual de Diplomacia de Chávez" en realidad no importa. Lo que importa es lo que transmite: el temor salvadoreño de que Chávez ha estado acechando a su país, esperando añadirlo a su lista de satélites revolucionarios en América Central y del Sur.

Cuando los salvadoreños acudan a las urnas el 15 de marzo para elegir a un nuevo presidente, esa preocupación podría tener una influencia preponderante sobre el voto.

La opinión generalizada es que los petrodólares de Chávez han estimulado la expansión de gobiernos autoritarios en esta parte del mundo en la última década. El presidente venezolano, sin embargo, también ha tenido el efecto contrario, notablemente en México y Perú en 2006, donde la asociación de un candidato con Chávez resultó fatal. El chavismo podría tener el mismo efecto aquí en El Salvador.

La contienda presidencial sitúa al ex director de la policía nacional, Rodrigo Ávila, del partido de centro-derecha Arena, contra el periodista televisivo Mauricio Funes, del partido de extrema izquierda FMLN. Funes se presenta como un candidato moderado y, de momento, es el favorito. Pero la carrera dista de estar ganada y si Ávila todavía tiene una buena oportunidad de triunfar es porque muchos salvadoreños lo ven como la única posibilidad de impedir la importación de la agenda chavista.

Arena ha ganado todas las elecciones presidenciales desde 1989 y un triunfo en marzo sería su quinta victoria consecutiva. Eso dificulta las cosas para Ávila, quien también tiene otros problemas. Mientras los tres presidentes de Arena anteriores a Saca buscaron reformas diseñadas para promover la igualdad ante la ley, la liberalización económica y el crecimiento, Saca ha hecho precisamente lo contrario: se ha hecho famoso por revocar contratos.

El presidente también le ha restado dinamismo a la economía de otras maneras. Un gran proyecto portuario en el municipio de Cutuco prometía convertir a El Salvador en el centro de trasporte más importante de América Central. El puerto está terminado pero aún no empieza a operar porque el gobierno de Saca atrasó en casi dos años el proceso de subastar la concesión. Nuevos proyectos eléctricos, de gran importancia para el crecimiento, también han sido pospuestos.

El Salvador también está acusando el impacto de la recesión global. Las remesas del exterior y las exportaciones, ambas fuentes importantes de crecimiento, están disminuyendo, y podrían no repuntar en el futuro cercano. El declive en los precios del petróleo ha ayudado a amortiguar el golpe, pero el sistema financiero, dominado por los bancos internacionales, ha reducido drásticamente el acceso al crédito.

El efecto de todo esto ha sido un pobre desempeño económico el actual gobierno ha sido sindicado como el culpable. Así que Ávila debería resultar fácil de derrotar. Pero las encuestas, que revelan que una cantidad importante de electores sigue indecisa, sitúan al candidato de Arena a una distancia remontable del candidato del "cambio", Funes. Una encuesta la semana pasada incluso mostró un virtual empate.

A la hora de buscar explicaciones del por qué Ávila todavía está en pie, uno puede descartar la oposición ideológica a un gobierno de centro izquierda, como el del presidente de Brasil Luiz Inacio Lula da Silva. Muchos salvadoreños están hartos de Arena gracias a Saca y dicen que les gustaría ver más competencia política. No, lo que está ahuyentando a los electores son las muestras de que, a pesar de los intentos de Funes de distanciarse del extremismo del FMLN, el liderazgo del partido sigue siendo el símbolo de la intolerancia.

Un ejemplo es el candidato a vice presidente del FMLN. El 15 de septiembre de 2001, Salvador Sánchez Cerén lideró las hordas de personas en esta ciudad que quemaron banderas estadounidenses y celebraron el atentado contra EE.UU perpetrado por terroristas islámicos. La memoria de ese día no se ha desvanecido.

José Luis Merino, uno de los principales líderes del partido, es un personaje aún más siniestro. Su alias apareció en una de las computadoras incautadas por el ejército de Colombia durante una redada en un campamento en Ecuador el año pasado, sugiriendo que está involucrado en tráfico de armas con las FARC.

Merino es considerado por muchos el jefe del partido, ahora que el militante Schafik Handal ha fallecido, y no disimula su hambre de poder.

Hace dos años, cuando se le preguntó en una entrevista sobre la agenda del FMLN, respondió que era "tomar el poder, conquistar todo el país y así, asegurar que el tipo de gobierno no cambie. Claro está, no con bayonetas o persecuciones. Hay ya ejemplos, como Venezuela, ese es nuestro modelo".

"Venezuela" es precisamente lo que muchos salvadoreños quieren evitar. Temen que, de ser elegido, Funes será desplazado por los extremistas del partido que se negarán a marcharse cuando concluya su mandato. El FMLN dice que estos temores son usados para fines políticos por sus detractores, pero las palabras del propio Merino dejan poco lugar a dudas respecto a sus intenciones.

Los salvadoreños no pueden permitirse el lujo de ignorar sus advertencias. Si lo hacen, la economía dolarizada, frecuentemente elogiada como las más abierta y competitiva de América Latina (después de la de Chile) podría estar en riesgo.

Mary O´Grady / Diario Exterior de España
Fuente: Cato Institute y The Wall Street Journal

martes, 3 de febrero de 2009

UNA PIEDRA EN EL ZAPATO

Hace dos décadas, cuando una sangrienta guerra civil estremeció este pequeño país, José Luis Merino, guerrillero entrenado en Moscú, comandaba las operaciones militares del Partido Comunista. Líder de un comando especial urbano llamado U-24, Merino, más conocido por su nombre de guerra –Ramiro Vásquez–, era un hábil operador clandestino: ideó más de una docena de asesinatos de alto perfil y al menos cinco secuestros, según afirman algunos de sus ex compañeros.

Cuando la guerra terminó en 1992, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) se convirtió en partido político. En los últimos tres años, siempre eludiendo los reflectores de la opinión pública, Merino, miembro de la Comisión Política del FMLN, se ha ido apoderando calladamente del partido, cuyo candidato presidencial, Mauricio Funes, es el favorito para ganar las elecciones en marzo próximo.

Últimamente, Merino, un hombre fornido y de cara redonda, de 53 años, se ha visto obligado, contra su voluntad, a salir de la sombra.

Los mensajes hallados en la computadora de Raúl Reyes, el líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), muerto en un bombardeo realizado en marzo por tropas del Ejército de Colombia a su campamento en Ecuador, sugieren que Merino era un conUna piedra en el zapatotacto clave entre las FARC, oscuros traficantes de armas y funcionarios del gobierno de Hugo Chávez.

Hasta ahora, gran parte de la atención en torno a los documentos encontrados en la computadora de Raúl Reyes se ha concentrado en la relación entre Chávez y la guerrilla.

Los documentos de las FARC muestran que, en 2007, Chávez apoyaba de manera entusiasta –y quizá ayudó a armar– a los 9,000 hombres de la guerrilla más antigua de América Latina. Las FARC financian sus actividades con dinero del narcotráfico, mantienen cerca de 700 secuestrados, y son consideradas un grupo terrorista tanto por Estados Unidos como por la Unión Europea.

En junio pasado, en un sorpresivo cambio en su actitud pública, Chávez pidió a las FARC que liberaran a todos los secuestrados y que depusieran las armas, en lo que muchos analistas consideran una reacción a la pésima imagen generada por los documentos de la computadora. Pero hoy en día, altos funcionarios del gobierno colombiano están preocupados de que en realidad Chávez siga comprometido con las FARC y hasta les esté ayudando a conseguir misiles tierra-aire.

Pero los documentos también revelan que las FARC tienen una red de apoyo internacional que va desde Madrid hasta México, y desde Buenos Aires hasta Berna. Y Merino, según sugieren los documentos, es el vínculo clave en esa cadena internacional: el hombre de las FARC en El Salvador, y uno de los arquitectos en un posible negocio de armamento que incluye desde rifles para francotiradores hasta misiles tierra-aire.A medida que la campaña política en El Salvador se pone más candente, Merino ha surgido como uno de los operadores clave de Hugo Chávez en el esfuerzo de Venezuela por ayudar a que el FMLN llegue al poder.

El pasado mes de junio, un jet de la empresa estatal petrolera de Venezuela recogió a Merino y a otros personajes del FMLN que tienen que ver con el programa que suministra diesel a precios bajos a El Salvador, y los trasladó hasta Caracas.

Para Chávez, quien ha invertido buena parte de su bonanza petrolera en El Salvador, una victoria del FMLN, en el muy olvidado pero alguna vez sangriento campo de batalla de la Guerra Fría, sería una resonante derrota para Estados Unidos.

Para el partido gobernante, Arena, de tendencia centro-derechista, cuyo candidato presidencial está una decena de puntos detrás del aspirante del FMLN en las encuestas, los correos que vinculan a Merino con las FARC han sido una bendición.

Hasta el presidente Antonio Saca ha terciado en la controversia política que ha convertido a Merino en un obstáculo político potencial para el triunfo del FMLN. “Estamos hablando de la persona más importante de ese partido”, dijo Saca en una entrevista, haciendo referencia a Merino, quien, según el presidente, es el padrino político del candidato Funes.

“A nosotros nos preocupa que el FMLN esté envuelto en el tráfico de armas”. El fiscal general de El Salvador está investigando el supuesto tráfico de armas de Merino, agregó.

Merino se rehusó en varias ocasiones a concedernos una entrevista. A pesar de ser uno de los políticos más poderosos de El Salvador, evita los medios y sólo ha concedido tres entrevistas a todo lo largo de su carrera.

Tanto el FMLN como Funes, el candidato a la presidencia, han salido en defensa del ex comandante de la guerrilla. Funes dijo que Merino le había asegurado que no tenía nada que ver con las FARC.

“No hay razón alguna para que yo no le crea”, dijo Funes, un popular comentarista de televisión.

El más preocupante de los documentos de la FARC es un correo electrónico fechado en septiembre de 2007 y escrito por Iván Márquez, el contacto más importante de la guerrilla colombiana con el gobierno de Venezuela.

En el mensaje al secretariado de las FARC, el órgano de dirección de la guerrilla, Márquez dice haber contactado a dos traficantes de armas australianos gracias a los buenos oficios de “Ramiro (Salvador)”.

“Los amigos de Ramiro”, como los describe Márquez, podían resolver el más apremiantes problema de las FARC: la obtención de armas y munición. “Ellos tienen todo lo que necesitamos a precios muy favorables: rifles, ametralladoras PKM, Drugunovs con mira telescópica de Rusia para los francotiradores(...) misiles. Todo de fabricación rusa y china –escribió Márquez–.

Tienen una granada termobárica que destruye todo en espacios confinados (como las bombas que usaron los gringos en los escondites de Al-Qaeda) por 800 dólares”.

También disponible: lo último en misiles chinos tierra-aire a 93,000 dólares la unidad.

Pero los traficantes de armas dicen que es buena idea combinarlos con misiles antiguos provenientes de Rusia para ocultar el origen de las armas, y para “confundir, desviar o al menos generar la sensación de que la guerrilla cuenta con una mezcla de equipo, y que no todo es chino”.Otros mensajes que mencionan a los australianos sugieren que parte de las armas fueron entregadas a las FARC en Venezuela.

“El hombre que cojea (los oficiales militares colombianos creen que se trata del ministro del interior de Venezuela, Ramón Rodríguez Chacín, quien se retiró del cargo en agosto, unos días antes de que Estados Unidos lo pusiera en la lista negra por ayudar a las FARC) es el encargado de la primera serie y de la logística”, escribió Márquez dos meses más tarde.Pocos detalles se conocen acerca de Merino, hijo de un capataz de finca que nació en cercanías de la capital en 1953.

“Era muy independiente”, dice Sigfredo Merino, su hermanastro, quien administra una empresa de manejo de desperdicios que se cree es controlada por su hermano mayor.Ex guerrilleros entrevistados para este reportaje dicen que Merino, miembro de las juventudes del Partido Comunista, estudió inteligencia en una exclusiva academia militar soviética, y tomó cursos de guerra de guerrillas en Cuba, como lo hicieron muchos de sus compañeros de armas.

Cuando estalló la guerra civil en El Salvador, después del golpe militar de 1979, el Partido Comunista fue una de cinco organizaciones que, a solicitud del dictador cubano Fidel Castro dejaron de lado sus rivalidades personales y sus divisiones ideológicas para formar, en 1980, el FMLN.

Por más de una década, el FMLN, en ese entonces la guerrilla más exitosa y de mayor tamaño de América Latina, luchó contra el Ejército de El Salvador –que contaba con el respaldo de Estados Unidos–, en un conflicto tristemente célebre por sus atrocidades –la mayoría cometidas por el Ejército en cerrada alianza con escuadrones de la muerte– y que cobró la vida de 75,000 personas.

Durante la guerra, Merino estaba a cargo del ala armada del Partido Comunista, llamada la FAL, que contaba con una fuerza de choque de cerca de 400 hombres esparcidos en las laderas de los volcanes que rodean a la capital. En las montañas, Merino demostró su inclinación por el sigilo.

Un ex guerrillero recuerda que cuando un equipo de periodistas de televisión se apareció por allá en 1991, Merino envió a un subalterno para que hiciese las veces de comandante, mientras él miraba todo desde la distancia. Merino era considerado un buen líder, que no hostigaba sexualmente a las mujeres guerrilleras bajo su mando, y con frecuencia les daba a sus hombres chocolates y linternas para que pudieran ver los mapas en la noche.

Pero más importante que su liderazgo en la relativamente pequeña guerrilla rural del partido, fue el mando por parte de Merino de sus bien organizadas y experimentadas células guerrilleras urbanas.

Durante la guerra, esas células fueron culpadas de al menos una docena de asesinatos de alto perfil, diseñados para crear confusión entre los altos mandos del gobierno.

En un tristemente célebre asesinato cometido en 1989, uno de los hombres de Merino, a bordo de una motocicleta, logró asegurar una carga explosiva sobre el techo de un vehículo blindado en el cual se transportaba Roberto García Alvarado, fiscal general de El Salvador, matándolo en la explosión.

“Desde el punto de vista técnico fue una gran operación”, dice con admiración un ex guerrillero que trabajó en inteligencia en otra de las cinco facciones del FMLN. Ese mismo año, los sicarios de Merino atacaron de nuevo.

Al percatarse de que Antonio Rodríguez Porth, ministro de gobierno del presidente Alfredo Cristiani, había discutido fuertemente con otro poderoso –y violento– líder de su partido, los sicarios de Merino asesinaron a Rodríguez Porth e hicieron parecer que el crimen había sido realizado por la otra facción del partido de gobierno, cuentan algunos ex guerrilleros.La guerrilla se desmovilizó luego del tratado de paz que se firmó en 1992.

Pero el Partido Comunista, temiendo que la paz no fuera duradera, y reacio por tanto a deponer las armas, dejó intactas sus estructuras urbanas de casas seguras y operadores con experiencia al mando de Merino, señalan algunos ex guerrilleros.Inclusive después de entrado en efecto el tratado de paz, estos diestros guerrilleros del Partido Comunista fueron responsables de una serie de secuestros de alto perfil, según fuentes de inteligencia de El Salvador.

El más notorio de estos secuestros fue el de Andrés Suster, de 15 años, hijo de Saúl Suster, un hombre de negocios y amigo cercano del ex presidente Alfredo Cristiani, cometido en 1995. En una operación estilo comando, media docena se secuestradores agarró al joven Suster cuando iba camino al colegio.

El niño fue mantenido en un pequeño espacio subterráneo por 354 días mientras que sus secuestradores negociaban esporádicamente con la familia.

Suster tuvo que pagar cerca de 150,000 dólares para lograr la liberación, dejando el dinero en tres bolsas que fueron transportadas en helicóptero hasta las laderas de un volcán en cercanías de San Salvador, la capital del país.

Unos meses después de la liberación de Andrés Suster, la policía de El Salvador en conjunto con el FBI de Estados Unidos encontraron la caleta subterránea donde era mantenido con otros secuestrados. En su interior la policía halló un arsenal, incluyendo lanza granadas, cohetes RPG-7, y fusiles automáticos.

También se hallaron documentos que condujeron a la policía a otra casa segura, provista también de caleta subterránea, la cual fue posteriormente reconocida por tres víctimas de secuestro como el lugar donde fueron mantenidos. La segunda era de Raúl Granillo, conocido por su nombre de guerra de comandante Marcelo, lugarteniente de Merino durante la guerra. Granillo, quien fue condenado en ausencia por el delito de secuestro, escapó del país. Se cree que se radicó en Cuba. Su esposa e hija también fueron condenadas y sentenciadas a 45 años de cárcel.

Un documento oficial salvadoreño sindica a Merino de estar al mando de la organización secuestradora. Un perfil de inteligencia de Merino dice que él fue uno de los autores intelectuales de los secuestros ejecutados por Granillo, quien continúa fugitivo. Pero Merino nunca fue acusado.Uno de los correos electrónicos de Raúl Reyes sugiere que el FMLN puede haber participado en una alianza estratégica en Panamá con la guerrilla colombiana, que se vale del secuestro como su principal fuente de ingresos.

Es más, País Libre, una respetada organización de derechos humanos de Colombia, dice que las FARC mantienen secuestradas a 700 personas por razones económicas, sin incluir los 25 plagiados que califica de prisioneros de guerra y a quienes quiere intercambiar por guerrilleros presos en las cárceles de Colombia.

Según el correo electrónico, dos delegados del FMLN, identificados como Héctor Acevedo y Ramón Suárez, visitaron a Reyes para discutir la obtención de asistencia financiera de la guerrilla para las elecciones presidenciales de 2004. Los salvadoreños, dice Reyes, necesitan cinco millones de dólares pero tienen sólo 1.5 millones y “quieren nuestra ayuda”, escribió Reyes.

“Nosotros les podríamos sugerir que hagan inteligencia en Panamá sobre objetivos económicos de 10 ó 20 millones de dólares, y podríamos ejecutar el operativo en conjunto y repartirnos la utilidad por mitades”, escribe Reyes.

En Panamá, los funcionarios de la policía de esa época dicen que no tienen registro de que se hayan llevado a cabo tales secuestros.En un correo electrónico de 2005, Reyes narra otra visita de “Ramiro” –Merino–, quien alardea de que ha recuperado el control total del FMLN y ha reorientado al partido hacia la “conquista del poder verdadero”. Luego de perder las elecciones de 2004, el líder del partido y candidato perdedor Shafik Handal y su protegido, Merino, habían purgado exitosamente al FMLN de rivales potenciales que querían reorientar el partido hacia líneas socialdemócratas más moderadas.

Los cambios en el FMLN hicieron que Merino concediera su primera entrevista formal, 13 años después de terminada la guerra civil.

Hablando con El Faro, un diario en línea, Merino dijo que él no creía que Cuba fuese una dictadura, y habló con nostalgia de la desaparecida Unión Soviética, a la cual tildó de ser “uno de los más justos” sistemas políticos de la Tierra.

Pero lo que causó estupor fue su cruda visión del FMLN. Todavía un marxista leninista convencido, Merino definió al FMLN como un partido “antisistémico” cuyo objetivo era alcanzar el poder y mantenerlo. El FMLN, dijo Merino, “no fue ni debería ser” un movimiento político “pluralista”.

El año siguiente, durante un curso para cuadros del FMLN, Merino dijo que había que “unir la lucha electoral con la lucha en las calles”.

Sus palabras fueron proféticas. Unos meses más tarde se produjo un brote de violencia, luego de que un militante del FMLN, miembro de un grupo juvenil armado controlado por Merino, abrió fuego durante una manifestación en la universidad, asesinando a dos policías.

Cuando la policía se preparaba para tomar la universidad por asalto, Merino trabajó tras bambalinas para mantener controlada la situación.

En un correo electrónico encontrado en la computadora de Reyes, Merino alardeaba de haber conocido al jefe de estación de la CIA en El Salvador, quien organizó una reunión con el presidente Saca. Como resultado de esa cita, la crisis se resolvió, le comentó Merino a Reyes, según el correo. “El agente de la CIA le preguntó a Ramiro si tenía relaciones con las FARC.

Él lo aceptó y dijo(...) que tenía un gran respeto por el Camarada (Manuel) Marulanda (e l líder máximo) y por otros jefes de las FARC”, dice Reyes. La CIA se negó a hacer comentarios.

Un asistente de Saca dice que dos hombres hablaron por teléfono con él en la época para solucionar el problema.La relación entre Merino, el FMLN y las FARC parece remontarse al menos a 1997. Algunos ex camaradas creen que Merino y el fallecido Handal buscaron ese año la ayuda de las FARC, luego de que su grupo perdiera el control del FMLN en una asamblea que dejó al partido en manos de una facción más moderada.

Para 2001 la relación estaba en plena bonanza. Ese año el FMLN organizó un congreso de solidaridad internacional con las FARC, en el cual participaron delegaciones de muchos países de América Latina.

En esa época, según el inventario de propiedades de las FARC ordenado por Reyes en 2001, la guerilla colombiana tenía una casa segura en los suburbios de San Salvador, la capital, al igual que un vehículo equipado con caletas o escondites, el cual dejaron al cuidado de Merino. “La casa requiere de algunas mejoras”, escribió Rychy, un líder de las FARC, en un correo electrónico en el que se describían los bienes de la guerrilla.

Mucho del poder de Merino al interior del partido descansa en su red de negocios con Chávez y con otros funcionarios de Venezuela. Por años, Chávez ha estado moviendo sus brazos petroleros en El Salvador.

En 2006, mediante un acuerdo negociado en parte por Merino, Chávez estableció una alianza estratégica entre la estatal petrolera venezolana y un grupo del municipios controlados por el FMLN a los que Venezuela les vende diesel pagaderos en un 60 por ciento en efectivo.

El restante 40 por ciento del precio se cancela mediante un crédito a 25 años a bajo interés. Eso le permite al FMLN, que controla cerca de 20 por ciento del diesel que se consume en El Salvador, venderlo a 30 centavos de dólar menos por galón. Los funcionarios del gobierno temen que eso le otorgue al FMLN un flujo constante de efectivo que dirige a la campaña presidencial de 2009.

Y ese temor es compartido por políticos de Estados Unidos. En febrero pasado, Michael McConnell, director de Inteligencia de Estados Unidos, le advirtió al Congreso que era de esperar que Chávez contribuyera “generosamente a la financiación de la campaña” del FMLN a lo largo del año.

El petróleo no es el único renglón en el cual Merino ha logrado combinar la política con los negocios. Los servicios de inteligencia de El Salvador dicen que Merino dirige una red de empresas que negocian primordialmente con los municipios controlados por el FMLN, desde bienes raíces, hasta desperdicios sólidos.

Los correos hallados en la computadora de Reyes sugieren que Merino tiene una serie de intereses empresariales con las FARC, al igual que con el gobierno de Venezuela. Un correo de 2004 enviado a Reyes por un miembro de las FARC, informa de una conversación adelantada en Caracas con Merino –“Ramiro”– y un socio belga acerca de la posibilidad de que el FMLN y las FARC se asociaran para obtener contratos del gobierno municipal de Caracas controlado por Chávez y de la estatal petrolera de Venezuela en una gran variedad de áreas –desde el manejo de desperdicios sólidos hasta el turismo–.

“Acordamos repartirnos las utilidades entre el FMLN, los belgas y nosotros,” escribió el miembro de las FARC.En El Salvador, el mayor generador de recursos de Merino es una empresa llamada CAPSA, que opera el segundo mayor relleno sanitario del país, y tiene contratos para la remoción de basuras con 52 municipios, muchos de ellos controlados por el FMLN. Funcionarios del gobierno sostienen que CAPSA puede estar siendo utilizada para proveer fondos para la campaña presidencial del FMLN.

El director de CAPSA es el hermano menor de Merino, Sigfredo, de 40 años. Este joven, quien –como la mayoría de su familia– emigró ilegalmente a Estados Unidos para escapar de la guerra y la pobreza, estudió administración de empresas en California State University, en Los Ángeles, mientras su hermano mayor, José Luis, estaba en las montañas de El Salvador con la guerrilla.

“Yo me fui a buscar el sueño americano”, dice Sigfredo, hoy ciudadano de Estados Unidos. Su hermano, José Luis, “era tan buen guerrillero que nadie sabía que pertenecía a la guerrilla”, dice Sigfredo. “Su trabajo es la política, mientras yo soy un empresario –agrega Sigfredo–. Nosotros no hablamos mucho de política”.

Sigfredo dice que él administra CAPSA, y que Merino no tiene nada que ver en la empresa. Pero Orlando Mena, alcalde de Santa Ana, quien fue expulsado del FMLN luego de un altercado con José Luis Merino, no está de acuerdo.

“Él es el dueño de CAPSA –dice Mena–. Él fue quien negoció directamente conmigo”. En 2003, dice el alcalde, Merino lo buscó para que renovara el contrato de recolección de basuras del pueblo. “Dijo que 15 por ciento se destinaría al FMLN. Que era la contribución del municipio para el partido”. Después de media docena de reuniones con Merino, Mena no renovó el contrato, valorado en un millón de dólares por año.

Durante una reunión en Mr. Donut’s, Merino le pidió que reconsiderara, o si no arriesgaba su carrera política.“Usted nos da el contrato o usted no será candidato”, le comentó Merino. Al final no lo hizo y al poco tiempo Mena fue llevado ante el comité de ética del FMLN y expulsado del partido.“En el FMLN hacen lo que Ramiro ordena”, dice Mena.

José De Cordoba
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